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Lunes, 17 de julio de 2017
El gobierno de cambio tiene que comprometerse a movilizar a la ciudadanía

ERIC TOUSSAINT DESCUBRE TARDÍAMENTE QUE LA UNIÓN EUROPEA "ES UN CONSORCIO IRREFORMABLE"

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Éric Toussaint es un conocido intelectual belga que en un reciente artículo ha descubierto que la Unión Europea no es reformable y que cualquier gobierno que pretenda realizar reformas sociales o políticas tiene que desobedecer los dictados y resoluciones emanadas de la misma (...).

POR M. RELTI  /  CANARIAS SEMANAL

 

 

 

     Éric Toussaint es un conocido intelectual belga, doctor en Ciencias Políticas por las Universidades de Lieja y París.  Asimismo, comparte sus actividades docentes con su integración en el Consejo Científico ATTAC, una entidad con claro carácter politicamente reformista.

 

 

 

      Toussaint participó igualmente en la fundación del Consejo Internacional del Foro Social Mundial a principios de la primera década del 2000. Integró también la llamada Comisión de la Verdad sobre la deuda pública creada por Zoe Konstantopoulou, presidente del Parlamento griego, en el 2015. Se trata en fin, de un personaje en el que la nueva progresía parecía haber encontrado su oráculo de Delfos.

 

 

 

      Si tuviéramos que trazar el perfil político de Éric Toussaint, tendríamos que ubicarlo, pues, en el ámbito de  aquellos que han mantenido en el curso de los últimos años la tesis de que aún sin aceptar explícitamente  el sistema capitalista en su conjunto, se han pronunciado favorablemente   a la realización en su seno de reformas que hagan su fachada "más humana" .
 

 

 

    Sin embargo, Éric Toussaint parece haber dado un giro últimamente en algunas de sus posiciones tradicionales. Con muchos años de retraso, Toussaint parece haber descubierto ahora que la Unión Europea "no es un consorcio reformable". Es este un descubrimiento, sin duda, elogiable. No obstante,  cuando este tipo de hallazgos se hacen a destiempo, lo que debe llevar aparejada es una valoración autocrítica de las posiciones propias, no una tribuna para dar lecciones.

 

 

    En un reciente artículo suyo, titulado "La UE no es reformable, hay que desobedecer", Toussaint ha dejado claro, con precisión, en qué consiste su reposicionamiento en relación con la UE.

 

 

 

 'Una fuerza de izquierda que pretenda lograr un cambio tiene que comprometerse a desobedecer en caso de llegar al gobierno: desobedecer los tratados de la UE, los dictámenes de la Comisión Europea y de los acreedores.

 

 

 

      A su artículo Éric Toussaint añade, además, la cita de algunas de las experiencias que  obtuvo en la estrecha relación que mantuvo con Tsipras y  los miembros del gobierno griego durante la primera fase de su mandato:

 

 


     ”El caso griego es el ejemplo, claramente, contrario. Tsipras logró ser Primer Ministro con un apoyo popular muy fuerte, pero apostó por mantener una buena relación con la Comisión Europea a través de negociaciones: continuando con el pago de la deuda se podría llegar a una solución. Pero eso no es posible: la Unión Europea no es reformable. Lo que un gobierno de cambio sí puede hacer, es utilizar el margen de maniobra que le concede el apoyo popular que tiene, para enfrentarse a la Comisión Europea con argumentos de justicia social, de voluntad de romper con la austeridad. Es decir, queda la opción de desobedecer”.

 

 

 

     Más adelante, el intelectual belga se refiere a las deformaciones que están caracterizando a los movimientos electorales europeos que se reclaman pertenecientes a la izquierda: la arraigada creencia de que será la vía electoral, y no la movilización y la organización social, la que permitirá la realización de cambios. Al respecto, Toussaint dice:

 

 

      'Una segunda lección es que el gobierno de cambio tiene que comprometerse a movilizar a la ciudadanía. Tsipras y Varoufakis viajaban no sé cuántas veces al mes y vivían en cuartos de hoteles negociando con la Comisión o con el FMI , sin movilizar al pueblo griego, sin llamar a los pueblos de Europa para solidarizarse con el pueblo griego para enfrentar a la Comisión Europea. Si Tsipras hubiera informado, constantemente, del contenido real de las negociaciones, si hubiera convocado a movilizaciones, si hubiera estado dispuesto a aceptar visitas de organizaciones populares de otros países, habríamos tenido otra situación. Grecia, uno de los países más débiles y periféricos de la zona euro, estaba en condiciones de ganar la batalla contra la Comisión Europea, empezando por declarar una suspensión de pagos'.

 

 

 

 Y agrega:

 

 


      "Tsipras vació el Tesoro Público, exigió a las administraciones públicas y a las empresas públicas transferir su liquidez al Banco Central para pagar la deuda. No tenía dinero para iniciar un plan de emergencia humanitaria a un nivel suficientemente amplio. Entre febrero y junio 2015, Grecia pagó 7000 millones de deuda a sus acreedores sin recibir ningún centavo de euro en contrapartida. Mientras tanto, el Banco Cemtral Europeo hizo todo lo que le permiten sus estatutos contra el gobierno de Tsipras. Primero, limitó la liquidez a los bancos griegos, estableciendo la liquidez de emergencia que es mucho más costosa. Unos meses más tarde, cuando Tsipras convocó al referéndum, el BCE cerró totalmente la liquidez, incluso de emergencia. El BCE utilizó todos los mecanismos contra el gobierno de Tsipras mientras éste no utilizó ninguno”.


 

 

 

  No obstante, la propuesta de Toussaint ponen en evidencia  los cortos horizontes de su proyecto politico:  

 

 

    'Habría que combinarlo con otras medidas unilaterales: control de capital, socialización del sector bancario y aumento del déficit fiscal, para incrementar el gasto público. Esto es posible y necesario. Es cierto que podría desembocar en la expulsión de la zona euro, aunque no existe una forma legal para ello, ya que corresponde a cada país decidir si sale o no de la unión monetaria "  

 

 

 

        Aunque Éric Toussaint, al concluir su artículo, advierte temeroso que su propuesta pueda ser considerada como "una opción radical", la verdad es que esta dista mucho de serlo. Las proposiciones políticas del intelectual belga no se acercan, ni de lejos, en su “radicalidad”, a las políticas reformistas que ya implementaron los laboristas británicos durante la década de los 40 y parte de los 50 del pasado siglo. Independientemente de las razones políticas  y sociales  que obligaron a los socialdemocratas de  ese país a implementar durante cierto tiempo ese tipo de cambios, lo cierto es que a la postre demostraron que el sistema económico capitalista tenía una enorme capacidad para fagocitarlos, convirtiéndolas en letra muerta en muy corto espacio de tiempo.

 

 

 

     

      De manera, monsieur Toussaint, que bienvenido a la trinchera. Aprenderemos diligentemente de sus pasados errores, pero tendremos en cuenta también  los presentes.

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