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Miércoles, 28 de junio de 2017
La CIA consideró que la nueva hornada de intelectuales "posmarxistas" como la más rentable para su batalla ideológica contra el socialismo,

LA CIA DESCATALOGA LOS DOCUMENTOS DE SU COLABORACIÓN CON INTELECTUALES "PROGRESISTAS"

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Parece una paradoja, pero han sido de nuevo los archivos de los servicios secretos occidentales los que se han encargado de sacar a la luz el miserable papel jugado por un sector de la intelectualidad "progresista" occidental en el curso de la guerra fría. El documento de la CIA, encabezado por el llamativo título: «Francia: la defección de los intelectuales de izquierda». describe con todo lujo de detalles cómo debe proceder la Inteligencia estadounidense para la captación de intelectuales de "izquierdas".

 

POR M. RELTI / CANARIAS SEMANAL

 

 

 

       Parece una paradoja, pero han sido de nuevo los archivos de los servicios secretos occidentales los que se han encargado de sacar a la luz el miserable papel jugado por un sector de la intelectualidad "progresista" occidental en el curso de la guerra fría. Cuenta el historiador argentino Pablo Pozzi, en un artículo recientemente publicado, que una vez más ha sido la aportación de documentos desclasificados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la que ha vuelto a poner en tela de juicio la integridad  y  respetabilidad de un número de intelectuales,  que se autoubicaban en la izquierda francesa de las décadas de los 50,60 y 70  del pasado siglo.

 

 

 


         El documento de la CIA está encabezado por un llamativo título: «Francia: la defección de los intelectuales de izquierda». En el documento en cuestión se describe con todo lujo de detalles cómo debe proceder la Inteligencia estadounidense para la captación de intelectuales de "izquierdas".

 

 

 


       En esta ocasión,  han sido los servicios de la Inteligencia norteamericana los que han asumido como suyo, el papel de dar a conocer algunas de las funciones ejecutadas durante la "guerra fría", por unos  intelectuales a los que no pocos tenian  por “progresistas e independientes”.  


 

 

 

 

LA "LIBRETITA" DE GEORGE ORWELL

 

 

 

        La indiscreta revelación de los autenticos nombres  de los Judas, así como de la cuantificación de los denarios que cobraron, no fue obra exclusivamente de la Agencia  americana. Desde hace ya años, la inteligencia británica - el M16, concretamente - dió también a conocer los servicios prestados por algunos de sus colaboradores más estrechos. Tal fue el caso de un miserable“chivato”, que tenía como principal afición ir anotando en una libretita de tapas negras, los nombres de aquellos intelectuales británicos y estadounidenses que  él consideraba  “compañeros de viaje, testaferros del comunismo o simpatizantes".  Hasta 125 nombres  de escritores y artistas llegó a contener la "libretita"   de este despreciable delator. En su lista figuraban desde John Steimbeck a Charles Chaplin, pasando por Orson Welles y Bernard Show. El soplón fue nada menos que el todavía admirado  escritor británico Georges Orwell.

 

 

 

 

 

       El autor de “Rebelión en la granja”, además de recibir el apoyo de todo tipo de recursos económicos por parte de la CIA, simultaneaba sus inconfesables canonjías con la delación detallada y sistemática de aquellos intelectuales que se negaban a plegarse a los designios ideológicos de los intereses de los Estados Unidos. Ha  sido preciso que transcurrieran más de 50 años para que  lográramos conocer  la oculta afición de este alcahuete .

 

 

 

 

 

MICHEL FOUCAULT, JACQUES DERRIDA Y JACQUES LACAN

 

 

 

      Es cierto que no todos los servidores directos o indirectos de la CIA, procedieron como George Orwell, aunque como él  fueran igualmente receptores de la ayuda encubierta de la Agencia. El documento ahora desclasificado se refiere particularmente a los intelectuales aglutinados alrededor de la Revista Annales, la Ecole des Hautes Etudes y a personajes como Michel Foucault, Jacques Derrida y Jacques Lacan. Pero, no obstante, los procedimientos sugeridos por la CIA a sus agentes fue una práctica habitual de esa institución del espionaje estadounidense a lo largo de años.

 

 

 

 


     El documento en cuestión indica, además, cuáles deben ser las tácticas y estrategias para generar un ambiente intelectual antimarxista a partir de influenciar a los intelectuales posmarxistas y a los críticos del Partido Comunista francés.

 

 

 


  La CIA constata en su análisis que

 

 

 

    «durante las protestas de mayo-junio de 1968 […] muchos estudiantes marxistas miraban hacia el PCF para liderazgo y la proclamación de un gobierno provisional, pero la dirección del Partido Comunista Frances  trató de aplacar la revuelta obrera y denunció a los estudiantes como anarquistas».

 

 


    Fue a partir de ese momento cuando apareció en Francia la corriente llamada de los «Nuevos Filósofos» que, desilusionados con la izquierda, «rechazaron su alianza con el PCF, el socialismo francés, y las premisas básicas del marxismo».

 

 

 

 

 


       La cuestión es que la CIA consideraba a la nueva hornada de intelectuales "posmarxistas" como más rentables para sus propósitos en su batalla ideológica contra el socialismo, que  aquellos otros sectores de la intelectualidad francesa, como Raymond Aron, que habían perdido su prestigio por su indisimulado apoyo al fascismo durante la Segunda Guerra Mundial.

 

 

 

 

 

MARC BLOCH, LUCIEN FEBVRE Y FERNAND BRAUDEL

 

 

 

       No ocurría lo mismo con aquellos otros intelectuales, considerados como "demócratas" e, incluso, como “marxistas independientes” . Estos últimos resultaron ser infinitamente más útiles en su crítica al comunismo que la antigua  intelectualidad  gala , ampliamente desprestigiada y enfangada por sus compromisos con el gobierno de Petain y su colaboración con los nazis.

 

 

 

 


      Con toda clarividencia, el documento de la CIA -cuyo original adjuntamos a este artículo - constata un hecho realmente significativo, que recoge Pablo Pozzi   del documento descatalogado :

 

 

 

 


      «Entre los historiadores franceses de la posguerra, la influyente escuela vinculada con Marc Bloch, Lucien Febvre y Fernand Braudel ha avasallado a los historiadores tradicionales marxistas. La escuela de Annales, como es conocida por su principal publicación, ha dado vuelta la investigación histórica francesa, principalmente desafiando primero, y rechazando después, las teorías marxistas del desarrollo histórico. Si bien muchos de sus exponentes pretenden que están dentro “de la tradición marxista”, la realidad es que solo utilizan el marxismo como un punto crítico de partida […] para concluir que las nociones marxistas sobre la estructura del pasado –de relaciones sociales, del patrón de los hechos, y de su influencia en el largo plazo– son simplistas e inválidas.»

 

 


        «En el campo de la antropología, la influencia de la escuela estructuralista vinculada con Claude Lévi Strauss, Foucault y otros, ha cumplido esencialmente la misma función. […] creemos sea probable que su demolición de la influencia marxista en las ciencias sociales perdure como una contribución profunda tanto en Francia como en Europa Occidental.»

 

 

 

 

 


       No deja de resultar curioso que el documento de la CIA, ahora descatalogado, agradezca de paso a Foucault y a Lévi Strauss   que “recuerden las sangrientas tradiciones de la Revolución Francesa» y que el objetivo de los movimientos revolucionarios no era tanto la profunda transformación social y cultural de una sociedad, sino más bien el poder. Consecuentemente , según el documento, la teoría francesa posmarxista realizó una contribución inapreciable al programa cultural de la CIA que intentaba mover a los intelectuales de izquierda hacia la derecha, mientras desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, permitiendo la creación de un ambiente intelectual donde sus proyectos podían ser llevados a cabo sin ser molestados por un serio escrutinio intelectual.

 

 

 

 


        La verdad es que el documento que nos está sirviendo de referencia, no es novedoso.  Ya la investigadora británica Frances Stonor Saunders indicó en su voluminoso y documentado  libro "La CIA y la Guerra Cultural ",  cuáles eran las   armas que la inteligencia americana utilizaba en su batalla ideológica en contra del socialismo. La propia Stonor Saunders indicaba que la CIA tenía más preferencia por los “marxistas" reconvertidos que por aquellos intelectuales caracterizados por su conservadurismo ideológico o por sus posiciones políticas derechistas

 

 

 


     Y otro dato interesante. La promoción pública de este tipo de intelectuales contó siempre con abundantes recursos económicos, compromisos editoriales, medios de comunicación y dignidades académicas, casi todos ellos cocinados en los laboratorios de la CIA.

 

 

 


      El documento describe cómo fue que las obras de personajes como André Glucksmann y Bernard Henri Levy, llegaran a convertirse en auténticos best sellers mundiales. La Agencia de inteligencia norteamericana  adquirió, por ejemplo, miles de ejemplares de las obras de Hannah Arendt, Milovan Djilas, y Isaiah Berlin para su posterior promoción .

 

 

 


    Cuenta Pozzi en su artículo que las citadas regalías fueron completadas con viajes, becas, subsidios, y una cantidad importante de seminarios internacionales destinados a promover tanto la visión de Annales como el estructuralismo de Claude Lévi Strauss.

 

 

 

 

      Pablo Pozzi  concluye que cuando   los intelectuales de izquierda no encontraban recursos para hacer avanzar o publicar sus investigaciones, se les trataba de forzar a aceptar el orden establecido, a través de la adopción de  modas intelectuales hegemónicas, que les permitiera la posibilidad de encontrar un empleo. En opinión de Pozzi , el resultado de esta componenda fue el debilitamiento del pensamiento de izquierdas.  


 

 

 

       Pero, transcurridas décadas después de  aquellos pasajes bochornosos de la historia de la intelectualidad "progresista" europea , ¿alguien se atrevería a  asegurar que  aquello   solo fue un trágico recuerdo del pasado?

 

 

 

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5 Comentarios
Fecha: Martes, 12 de septiembre de 2017 a las 14:02
Antonio Maira
Excelente publicación y análisis, muy comparable al caso español. También muchos filósofos y analistas políticos y sociales han cambiado de bando y transitado, con frecuencia buscando el éxito profesional, por los caminos marcados o no por la CIA. De ello tenemos múltiples ejemplos tanto en el Partido Comunista, como en el Partido Socialista y en el pensamiento crítico o "progresista", así como en la cultura general y la aceptación general de la cultura franquista -renovada o no- durante la Primera y Segunda Transición.
Fecha: Jueves, 29 de junio de 2017 a las 12:58
AMEAUXET
EL PODER ES EL PODER SEA CAPITALISTA O COMUNISTA

Los partidos de izquierda (dentro del capitalismo) están consentidos porque no suponen ninguna amenaza para el sistema capitalista. Los trabajadores no son autónomos ni económica ni intelectualmente ni tan siquiera en organización.Son un simple conglomerado de intereses y estructuras que de vez en cuando (de forma artificial) son utilizados y sacados a pasear para que nada cambie. Aquí llegamos a los intelectuales ( son humanos, desprotegidos, sin organización y juegan a servir a una causa suprema) que no tienen porque ser héroes, que no lo son ni les interesa, y dejan con cierto rigor científico caer sus posicionamientos intelectuales ¿pero que esconden detrás? . Normalmente los servicios secretos ojean y van separando el grano de la paja y luego llega el captador que introduce al elegido en una red viciada por el capitalismo. A lo mejor el intelectual elegido se muere sin ser utilizado abiertamente y sigue escribiendo lo que su conciencia le dicta pero si se requieren sus servicios y tiene que escribir al dictado ( con sus propios sofismas) para frenar o reventar un peligro real de revolución. No es ajeno a esto lo político
Fecha: Jueves, 29 de junio de 2017 a las 09:44
Pedro
Me parece que Salyana tiene dificultades de comprensión lectora, a juzgar por su comentario. El artículo, que habla de algo de lo que ya tenía noticia, especifica que algunos escritores como George Orwell fueron directamente servidores de la CIA, auténticos soplones además, y eso está demostrado por los documentos desclasificados. Y luego dice "Es cierto que no todos los servidores directos o indirectos de la CIA, procedieron como George Orwell, aunque como él fueran igualmente receptores de la ayuda encubierta de la Agencia". Es decir, que otros intelectuales no tenían que estar directamente al servicio de la CIA de manera consciente, aunque sí se beneficiaban de la financiación que ésta daba a Congresos, publicaciones, etc., o de los premios que concedía. Esto es algo perfectamente explicado por Frances Stonor Saunders en el libro que aquí se cita y también demostrado. ¿Y qué corrientes de pensamiento o pensadores patrocina la CIA? Pues obviamente, aquellas que favorecen la reproducción de diferentes formas de la ideología dominante y, por tanto, del sistema capitalista. Como no son estúpidos, saben que es la tradición marxista la que facilita una comprensión cabal del sistema y promueve la organización de las clases desposeidas con el objeto de superarlo.
Fecha: Jueves, 29 de junio de 2017 a las 08:36
Salyana
Creo que el artículo y, sobre todo, su fuente es en sentido estricto falaz. Que la CIA por sus específicas razones apoye o combata determinadas posiciones no demuestra que quienes las mantienen estén colaborando con ella. La crítica al marxismo -o a determinadas posiciones e interpretaciones del mismo- sería entonces "colaboracionista" siempre. Eso no se sostiene.
Fecha: Miércoles, 28 de junio de 2017 a las 23:54
Rojillo
Excelente información ¡gracias!. Aporto un granito de arena a la misma con el PDF del libro que se menciona en el artículo.
http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/b2-img/saunders_la_cia_y_la_guerra_fria_cultural.pdf

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