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Lunes, 19 de junio de 2017
"El referendum catalán también será bueno para los españoles"

ENTERRAR A LA ESPAÑA DE FRANCO "UNA GRANDE Y LIBRE"

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Una impetuosa e inesperada alarma ha alertado las esferas del poder central que reina en las Españas. Sus señorías, egregios miembros de la cámara parlamentaria, se agitan inquietos -escribe Tomás F. Ruiz - cada vez que en el hemiciclo se escucha la vetada palabra Referéndum (...).

 

 

   Por TOMÁS F. RUIZ / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

 

   Una impetuosa e inesperada alarma ha alertado las esferas del poder central que reina en las Españas. Sus señorías, los consagrados diputados de las Cortes, egregios miembros de la cámara parlamentaria, se agitan inquietos en sus exudados escaños, se estremecen sobrecogidos en sus acolchadas poltronas, cada vez que en el hemiciclo se escucha la vetada palabra Referéndum... ¿Será cierto que los parlamentarios sienten un escalofrío de pánico cuando les hablan de consultar la voluntad del pueblo?. Atrincherados tras sus inmerecidos escaños, sus señorías se aprestan para combatir cualquier rebrote del término: prohíben con edictos el temido vocablo, tachan de traidores a la patria a quienes lo reivindiquen, imponen mandamientos y dictan severas condenas para todo aquel que lo reclame... Pero aun así, hasta sus ilustres oídos les llega un clamor insistente que repite incansable la temida y anatemizada palabra: referéndum, referéndum, referéndum...

 

 

 

    La España Una, Grande y Libre, aquella que Franco nos dejó atada y bien atada antes de extinguirse, no va a tolerar que ningún separatismo insurgente atente contra su inquebrantable unidad de destino en lo universal. Sus más directos representantes, los distinguidos señores diputados, ya han dictaminado desde sus escaños la indivisibilidad de la patria. Seguimos siendo la reserva espiritual de Occidente y eso significa que la unidad de España no se negocia, que siempre estará preservada bajo palio, blindada así contra todo contubernio secesionista que la amenace.

 

 

 

Amenazas para los transgresores

 

 

   El indivisible reino español, en otros tiempos Imperio en cuyos territorios nunca se ponía el sol, azuza a sus más feroces cancerberos contra cualquier proyecto independentista que brote en suelo patrio. Los babeantes magistrados del Tribunal Constitucional, los no menos babeantes jueces del Tribunal Supremo, esgrimen leyes, inventan edictos, emiten mandamientos judiciales y dictaminan severas condenas contra todos aquellos que pretendan rebelarse contra el imperio. Los cancerberos aprestan sus fauces, afilan sus colmillos, intentan intimidar con sus gruñidos a los súbditos insumisos; los cancerberos amenazan con yugular de un certero mordisco el legítimo derecho que todo pueblo tiene a elegir en las urnas su destino.

 

 

     La España de la intransigencia, la España rancia y degradante que rinde culto a caudillos y generalísimos, la de la intolerancia visceral y la del fascismo encubierto, se impone de nuevo en las instituciones, hace valer sus privilegios feudales y niega al pueblo catalán su derecho a expresar libremente en las urnas su deseo de separarse de España, hasta ahora su madrastra patria.

 

 

  El referéndum por la independencia se hará realidad dentro de unos meses, pese a quien pese y caiga quien caiga, porque el derecho a expresar libremente la voluntad de los pueblos no puede acallarse desde ningún púlpito, ni enmudecerse con ninguna mordaza. Ni con la disolución de la Generalitat, ni con el encarcelamiento de sus parlamentarios, podría amordazarse la voz del pueblo catalán. La represión y las mordazas harán más firmes y profundas las raíces de la independencia. La decisión y el compromiso a que han llegado las fuerzas políticas catalanas se ha consolidado en un frente de derechos civiles imposible de abatir... Sólo los tanques y las bayonetas podrían parar esta consulta.

 

 

 

La república catalana que viene

 

 

     De esta forma, si Catalunya dice en las urnas que no quiere formar parte de un país humillado por sus gobernantes, que no quiere compartir una nave corroída por la degradación de sus instituciones, un barco anegado por la corrupción de su clase dirigente, que no está dispuesta a mantener el ilegítimo sistema monárquico que representa el rey Felipe VI... Catalunya tendrá todo el derecho del mundo a separarse de la España que agoniza y seguir sola su propio camino.

 

 

   Los catalanes son un pueblo próspero y laborioso que siempre ha sabido jugar bien sus cartas. Durante la guerra civil dieron un salto de gigante hacia el futuro, construyendo las bases de una economía igualitaria, solidaria y colectivista sin precedentes en la historia de la Humanidad. Ese proyecto autogestionario no pudo llegar muy lejos a causa de una guerra que, tanto España como Catalunya, perdieron contra el fascismo. Pero esa insólita experiencia de colectivizar todos los recursos y repartir los beneficios, ese esbozo de un mundo solidario donde el apoyo mutuo fuera el motor de progreso, dejó una huella en la historia de Catalunya de la que aun están orgullosos los catalanes del siglo XXI.

 

 

 

La Economía manda

 

  

Ahora, con su referéndum, su población va a tener también oportunidad de elegir entre monarquía o república. La pregunta será bien clara y directa: ¿Quiere que Catalunya sea un estado independiente en forma de república?”. Si vence el “sí”, la victoria será por partida doble: de un plumazo los catalanes se separarán de España y se librarán de los parásitos Borbones.... En poco tiempo, el ejemplo cundirá entre todos los españoles, que también pedirán su referéndum para expresar libremente lo que deseen.

 

 

      Como pueblo organizado y previsor que son, antes de jugar su baza independentista los catalanes han echado cuentas y han descubierto que en su territorio hay invertidos miles de millones de euros. Estas inversiones proceden de capitales europeos y asiáticos que han formado sociedades financieras, industrias de todo tipo y propiedades inmobiliarias radicadas en Catalunya. Ninguno de estos inversionistas está dispuesto a perder sus fortunas en un evitable conflicto bélico del que el gobierno de España sería el único y unilateral responsable. La clase política española no es tan estúpida como aparenta; sabe reconocer a sus superiores en la jerarquía que rige la macroeconomía globalizada y se somete mansamente a la autoridad de sus amos. Ni Rajoy ni ninguno de sus cómplices en el poder van a morder la mano que les da de comer. Sin la autorización de Europa, el gobierno español no puede mover un dedo contra Catalunya, ni se le ocurrirá llevar a cabo ninguna de sus amenazas. Una guerra es impensable en el marco de interacción económica que afecta a Catalunya.

 

 

Un referéndum también bueno para España

 

  Así que, sin ninguna duda, todos aquellos que ahora se rasgan las vestiduras contra el referéndum catalán por la independencia, en apenas unas semanas los veremos mucho más apaciguados, aceptando a regañadientes la celebración del polémico plebiscito. Será el “Trágala, trágala” que el indigno Felipe VI tendrá que tragar, como hizo su insidioso y traidor tatatarabuelo, el absolutista Fernando VII, cuando los liberales lo obligaron a prestar juramento a la primera constitución española.

 

 

    Este referéndum será igualmente bueno para España porque potenciará el deseo de los españoles a cuestionar la ilegítima y corrupta monarquía que nos gobierna. Los miembros de la familia real española también se estremecen cada vez que oyen hablar del referéndum por la independencia catalana. Saben que su pervertida saga de princesas ladronas, monarcas promiscuos y reyes parásitos tiene sus días contados.

 

 

 

 

Europa tiene ahora la última palabra

 

   En el caso de la independencia de Catalunya, se trata de una cuestión de pura economía. Y en cuestiones económicas, eso hasta los españoles lo reconocen, los catalanes son unos linces. Europa, la Europa rica en este caso, tiene ahora la última palabra. Por el momento, ningún organismo o institución europea ha levantado la voz para prohibir este referéndum. Todo lo contrario, convertida en un país más estable que España, una Catalunya independiente se confirmaría como economía emergente y las inversiones extrajeras aumentarían ostensiblemente en su territorio.

 

 

 

   El referéndum se celebrará y será el principio de una cadena de manifiestos y procesos de independencia que se extenderán por todo el Estado español. Demos gracias a este referéndum catalán porque será el detonante que iniciará una cadena de cambios inaplazables, abracemos este plebiscito porque será la tumba donde se enterrará la Una, Grande y Libre, la España que nos impuso Franco y que el sistema de falsa democracia que tenemos aún mantiene vigente.

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