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Miércoles, 14 de junio de 2017
Una indoblegable militante y docente antiautoritaria

MURIÓ LA ESCRITORA Y ACTIVISTA TINERFEÑA JULIA GIL. UNA PÉRDIDA SIN REMEDIO, NI CONSUELO

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[Img #49623]      El pasado domingo murió a la edad de 80 años en Santa Cruz de Tenerife, la escritora y catedrática de literatura Julia Gil, compañera del ex profesor de la Universidad de la Laguna y sociólogo marxista, José Luis Escohotado.

 

 

       Nacida en Santa Cruz en agosto de 1936, coincidiendo casi con la sublevación militar franquista del 18 de julio, Julia Gil fue una personalidad muy conocida en los ámbitos de la izquierda canaria por su permanente compromiso con las causas sociales y solidarias durante la clandestinidad franquista y las décadas posteriores a la muerte del dictador.

 

 

 

      No obstante, en el curso de los últimos 15 años, a partir de su jubilación, Julia se dedicó con especial intensidad a la actividad literaria, a la que su dedicación profesional a la enseñanza y sus compromisos sociales le habían impedido acceder.

 

 

 

        Pese a que la plasmación de su vocación poética y literaria fue tardía, en el curso de los tres últimos lustros su producción creativa fue realmente rica y sorprendentemente prolija.

 

 

 

         En 1999, contando ya con 63 años, publicó su primera obra, titulada "Tiempo de Pasión. Tiempo de Destrucción" un libro que dedicó a beneficio del proyecto Medicuba.

 

 

 

       Apenas un año después vio la luz un nuevo libro de poemas, "Grabados en mi infancia". En el año 2004  publicó "De olvidos y de existencia", un valiente manifiesto poético en el que se denuncia el maltrato a los inmigrantes que llegaban al Archipiélago Canario en pateras.

 

 

 

        Entre el 2004 y el 2016 nos sorprendió con la publicacion de nada menos que cuatro nuevos libros:  "Como tú eres así", “Once trapecios al trasluz”, “Remando travesía hacia la paz”, editado a beneficio del proyecto “Vacaciones en paz”, de la Asociación Canaria de Amigos del Pueblo Saharaui. Y, finalmente, el pasado año publicó su obra "Simbiosis con Bruno".

 

 

 

 

        Diríase que durante el curso de los años de  su jubilación, Julia Gil trató de recuperar con una velocidad de vértigo, no un tiempo que hubiera perdido, sino una actividad de creación literaria que sus circunstancias personales y profesionales le habían impedido iniciar.

 

 

 

 

   Julia estaba firmemente convencida de que la literatura era clave para el desarrollo cultural del conjunto de la sociedad.

 

 

 

       "Yo creo que la cultura, por lo general, hace a los seres humanos más humanos y yo diría que también puede hacerlos más felices, decia.

 

 

 

 

   Julia Gil, que fue siempre una indoblegable docente que hacía suya la autocalificación de  antiautoritaria, dedicó mas demedia vida a su actividad profesional. De casta le debía de venir al galgo, pues fue su padre en persona quien, para evitarle pasar por la asfixiante escuela franquista de los primeros tiempos de la dictadura, se encargó personalmente de la educación de su hija. Una docencia paterna que sólo abandonó cuando tuvo que ingresar en las aulas del Instituto de Bachillerato.

 

 

     Ella misma contaba que su afición por la escritura se había iniciado desde casi su misma infancia.

 

 

    "Me gustaba escribir y mis profesores me animaban, - contaba en una entrevista- .Pero luego prácticamente no tuve tiempo, salvo en momentos puntuales. Tanto la docencia como la maternidad son muy absorbentes. Por eso ya estaba pensando en jubilarme cuando comencé a dedicarme a escribir con bastante empeño”.

 

 

 

     Julia tuvo como referencias literarias a auténticos maestros de la poesía y de la narrativa: Antonio Machado, César Vallejo Juan Ramón Jiménez, Walt Whitman, y García Lorca. Eso explica que sus críticos se hayan referido a los poemas de Julia como rezumantes no sólo de ternura y sencillez, sino que  también estaban preñados de deslumbrantes destellos de asombro ante los descubrimientos cotidianos.

 

 

 

 

       El pasado domingo Julia nos abandonó. Es una pérdida indeseada, para la que no va a existir ni remedio ni consuelo.

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