Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Lunes, 20 de marzo de 2017
Trump se encuentra sometido a un asedio que lo pone a la defensiva

JAMES PETRAS: EL "IMPERIALISMO SOCIAL" DE TRUMP Y SUS ESCASAS POSIBILIDADES DE IMPONERSE

Guardar en Mis Noticias.

El concepto de imperialismo de Donald Trump - escribe el sociologo estadounidense James Petras - está basado en la exportación de productos y la captación de mercados, al tiempo que trata de atraer el capital de las corporaciones multinacionales hacia los EEUU, cuyos beneficios estan actualmente cifrados en más de 1 billón de dólares, se quedan en el extranjero.(...)

      En un recientísimo artículo  suyo, el sociólogo norteamericano James Petras, titulado “La creciente oleada de militarismo estadounidense en el siglo XXI” mantiene que el militarismo de Estados Unidos ha crecido exponencialmente a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XXI. Y ese crecimiento ha estado amparado tanto por  republicanos como por demócratas.

 

 

       Por ello, escribe Petras, la histeria con la que los medios de comunicación se están haciendo eco por el aumento del gasto militar del presidente Trump, es un olvido deliberado de la expansión enorme que el militarismo tuvo bajo la presidencia de Obama y de sus predecesores, Clinton y Bush hijo.

 

 

      Los datos son, según Petras, incontrovertibles. Bajo la presidencia de Bill Clinton se incrementó el presupuesto bélico de 302.000 millones de dólares (m$) en 2000, a 313.000 m$ en 2001.

 

 

 

      Con Bush, el gasto militar se disparó de 357.000m$ en 2002,  a 465.000 m$ en 2004 y a 621.000m$. en 2008.

 

 

       Bajo el mandato de Obama (el “candidato de la paz”), el gasto militar siguió creciendo de 669.000m$ en 2009,  a 711.000m$ en 2011, para luego “aparentemente” descender a 596.000m$,  en 2017.

 

 

     Donal Trump ha solicitado ahora  un incremento hasta los 650.000m$, para 2018.

 

 

     James Petras precisa, no obstante, que el presupuesto militar de Obama en 2017 no incluía el coste de diversos departamentos del gobierno “relacionados con la Defensa", entre ellos, el aumento de 25.000 $ para el programa de armas nucleares del Departamento de Energía. El gasto militar total de Obama para el 2017 ascendió a 623.000  $, apenas 30.000.  $menos que la propuesta que ahora formuna Donald Trump.

 

 

 

      Como puede facilmente deducirse, el aumento del gasto militar propuesto por el nuevo presidente Trump se encuentra en perfecta sintonia con la trayectoria del pasado presidente demócrata, contrariamente a lo que mantienen en la actualidad los medios de comunicación de masas.

 

 

 

LOS OBJETIVOS DEL "IMPERIALISMO SOCIAL" DE TRUMP

 

 

        En realidad, el incremento del gasto militar de Trump parece responder a su deseo de convertir este en una “baza de negociación” en su plan favorecer  las oportunidades económicas estadounidenses, intentado  alcanzar acuerdos con Rusia y renegociar con China, Asia Oriental y Alemania, países   acreedores de la mayor parte el déficit comercial anual norteamericano.

 

 

       La cuestión es que el concepto de imperialismo de Donald Trump está basado en la exportación de productos y la captación de mercados, al tiempo que trata de atraer el capital de las corporaciones multinacionales hacia los EEUU, cuyos beneficios estan actualmente cifrados en más de 1 billón de dólares, se quedan en el extranjero.

  

 

      En esta batalla, el Ejército está a favor de Trump y de su concepto de guerras regionales que reporten beneficios económicos. Por el contrario, la CIA, la Armada y las Fuerzas Aéreas, que se beneficiaron enormemente con los presupuestos bélicos asimétricos de Obama, buscan una política de confrontaciones militares globales con China y Rusia y múltiples guerras contra sus aliados, como Irán, sin considerar la devastación que provocarían tales políticas en la economía interna.

 

 

       En opinión de Petras, el nuevo inquilino de la Casa Blanca se opone a las alianzas económicas y militares que han incrementado el déficit comercial estadounidense, en contraste con las anteriores Administraciones de militaristas que aceptaron gigantescos déficits comerciales y un gasto desproporcionado en intervenciones militares, bases en el exterior y sanciones contra Rusia y sus aliados.

 

 

      Donald Trump tiene como objetivo obligar a que Europa Occidental contribuya económicamente con una mayor cuota de los gastos de la OTAN - reduciendo así la dependencia europea de los gastos militares estadounidenses - cuenta con el rechazo de ambos partidos políticos. Cada uno de los pequeños pasos acometidos por Trump para mejorar las relaciones con Rusia ha levantado la ira de los imperialistas militaristas que controlan las direcciones de demócratas y republicanos.

 

 

 

     Trump pretende convertir EEUU en una “fortaleza”: el aumento del presupuesto militar, el reforzamiento del poder policial y militar a lo largo de la frontera mexicana y en los estados del Golfo ricos en petróleo. La agenda de Trump pretende reforzar el poder del ejército en Asia y otros lugares con el fin de mejorar la posición económica de EEUU de cara a una negociación bilateral con el objetivo de aumentar los mercados para la exportación.

 

 

      Los EEUU está presenciando hoy una confrontación letal entre dos corrientes imperialistas extremadamente polarizadas. Su pretensión consiste en  diseñar una alternativa imperialista, basada en una estrategia más sutil: utilizar el poder militar para mejorar el mercado laboral interno y conseguir el respaldo de las masas para realizar intervenciones económicas en el extranjero.

 

 

     Petras mantiene su artículo que  Trump es partidario del “imperialismo social”, gracias al cual los mercados de exportación basada en la industria local, mano de obra y bancos estadounidenses producirían un aumento de los salarios y de los beneficios para las empresas y los trabajadores de este país. El imperialismo de EE.UU. no dependería de invasiones militares costosas y destinadas al fracaso, sino de “invasiones” del extranjero a cargo de las industrias y bancos estadounidenses, que luego retornarían sus beneficios a EE.UU. para poder invertir e impulsar el mercado de valores ya estimulado por sus planes anunciados de desregulación y recortes fiscales.

 

 

       La transición del presidente Trump hacia este nuevo paradigma imperial se enfrenta a un adversario formidable que hasta el momento ha conseguido bloquear su agenda y que amenaza con derribar su régimen.

 

 

       Trump no ha sido capaz, desde el principio, de consolidar el poder del Estado, un error que ha socavado su Administración. Aunque la victoria electoral le situó en la Oficina de la Presidencia, su régimen es solo un aspecto del poder del Estado, vulnerable a la erosión y destitución inmediata por parte de las ramas coercitiva y legislativa, determinadas a provocar su defunción política. Las otras ramas del gobierno están llenas de remanentes del régimen de Obama y de los anteriores y completamente comprometidas con el militarismo.

 

 

       Trump no ha conseguido tampoco movilizar a sus partidarios entre las élites y a su masa de seguidores en torno a unos medios de comunicación alternativos. Sus “tuits de primera hora de la mañana” son un contrapeso muy débil al ataque concentrado de los medios de comunicación sobre su forma de gobierno.

 

 

  Trump ha fracasado a la hora de comunicar el vínculo entre sus programas económicos favorecedores del mercado y el gasto militar y su relación con un paradigma totalmente diferente.

 

 

        Como consecuencia de todo ello, el éxito del ataque militarista liberal-neoconservador al nuevo presidente ha puesto en retirada su estrategia central. Trump se encuentra sometido a un asedio que lo pone a la defensiva. Aunque consiga sobrevivir a este ataque concentrado, su concepción original de “reconstruir” la política imperial y la política interna de EE.UU. está destruida y los pedazos de esta mezclarán lo peor de ambos mundos: Sin la expansión de los mercados exteriores para los productos estadounidenses y un programa de empleo interno que logre el éxito, las perspectivas de que Donald Trump vuelva a las guerras en el extranjero y abra paso a la caída del mercado no dejan de aumentar.

 

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Canarias-semanal.org • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress