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Por Nicolás Guerra Aguiar
Lunes, 19 de diciembre de 2016

El canto a la igualdad de sus señorías parlamentarias

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Mientras dependientas de mañana, tarde y casinoche a lo largo de toda la semana se metamorfoseaban en limpiadoras, quitapolvos y friegasuelos, recordé -escribe Nicolás Guerra Aguiar - la invitación hecha por la señora presidenta del Congreso español (...).

 

      Anoche, cerca de las diez, mientras dependientas de mañana, tarde y casinoche a lo largo de toda la semana (incluye domingos y fiestas de guardar) se metamorfoseaban en limpiadoras, quitapolvos y friegasuelos, recordé la invitación hecha por la señora presidenta del Congreso español. Esta, a la vez, había sido instada por el portento sindical y derroche neuronal que responde al cargo de ministra de Trabajo.  

 

 

      Convite ampliado por portavoces de grupos parlamentarios para que reflexionemos sobre la conveniencia de “racionalizar” la jornada laboral: finalizaría a media tarde. Y en este punto -como seres civilizados, razonadores y flexibles- PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos se ponen de acuerdo inmediatamente: vengan después los ácratas y nieguen sensibilidades sociales. (A punto estuve de preguntarles a las chicas su opinión. Pero me abstuve ante la proliferación de baldes, cepillos, paños y cera para el piso: acaso hubieran confundido mi curiosidad con coñas, chanzas o amargas flagelaciones por tal transformación profesional.)

 

      Así, ya europeizados, los trabajadores “recuperarán la vida familiar” envueltos en el calor del nido (“Familia que reza unida permanece unida”. Lo pregonó el sacerdote Patrick Peyton). Tal regocijo anímico relajaría mentes y cuerpos, distendería como en éxtasis. Y si ahora no hay deberes escolares para casa y los niños siguen en actividades varias con el fin de reducir coñazos, el entorno podría transportar plácidamente al lecho conyugal para recrear ciudadanitos (dentro de las posibilidades, claro): a fin de cuentas, el país envejece con precipitada aceleración. Y de paso, los machillos de guardia se verían sin argumentos para estar con sus amigos a las siete de la tarde entre birras y batallitas, pues las pibas trabajadoras no salen antes de las diez.

 

     Y como si de vidas ejemplares se tratara, a la manera de héroes homéricos, sus señorías están dispuestas “a dar ejemplo y avanzar en la necesidad de esa racionalización de horarios”. Enternecedor, emotivo… Jamás había sentido con tanta fuerza la condición de ser vivo, el orgullo patrio, el éxtasis nacional. Honor, pues, a sus señorías: indelebles columnas dóricas, jónicas o corintias del Sistema democrático aceptan, sin embargo, ser conejillos de indias, hámsteres de laboratorio, ratoncillos en quienes, a la manera de Tiempo de silencio, podrían realizarse pruebas como si se buscara la cepa MNA.

 

     De momento, acuerdan: el inmediato pleno no debe ir más allá de las 20:00 horas. Así, los parlamentarios canarios saldrán ganando: serán las 19:00 en Canarias. Y la señora Oramas, de la descolonizada CoATIción, ganará una hora para releer críticamente a Nicolás Estévanez, el poeta de la patria (“Antes que la patria están la humanidad y la justicia”), el almendro y su sombra, erróneamente leído también por Unamuno. Y el señor Quevedo, diputado y a la par edil capitalino, tendrá unas horas libres para dedicarse a la concejalía de Promoción Económica, Empleo, Turismo y Movilidad y a las siete comisiones municipales de las cuales forma parte.

 

     A cambio, por supuesto, la Patria sería dadivosa con sus señorías: dos meses de vacaciones; gratis total en transportes aéreos, marítimos y trenes a cualquier hora de cualquier día en cualquier espacio nacional durante todo el año... y sin justificación o “racionalización” alguna. Además librarán lunes, viernes, sábados y domingos, jornadas de meditaciones, recreos y naifes políticos en sus ciudades y comunidades. Otrosí: dispondrán de retribuciones económicas para taxis (3000 euros al año), hoteles u apartamentos en Madrid (1824 euros mensuales)… por más que sean propietarios o copropietarios de viviendas en la capital. (A partir de las ocho podrán cenar en el restaurante del Congreso a precio prudente: siete euros, como el almuerzo. Cocineros y camareros tienen jornada continua más allá de esa hora. A cambio recibirán indulgencias plenas y prerrogativas. Entre ellas, jubilación a los 50 años y viaje a Canarias con su pareja.)

 

    Y la nómina… No será para tirar voladores, la verdad: mucho se ha invertido en salvar bancos privados (mi amigo el fantasmilla dice bail out) y autopistas privadas; los malos han robado, asaltado y esquilmado (unos, a mares; otros, a océanos); las “mordidas” varias veces cienmillonarias no han dejado un duro (¡eran tantos los necesitados…!). Pero en fin: entre el salario - base (2800 euros al mes), pluses, dietas, cargos, portavocías, suplencias a las portavocías, presidencias de comisiones, vicepresidencias de comisiones, pertenencia a la Mesa y otras menudencias pueden andar entre los 200 000 euros del presidente (datos de 2015), los 65 000 de un diputado de a pie o los 105 000 de la señora Villalobos, ejemplo de delirios verticales, como el ciprés de Silos. Para tal cementil rostro, “muchos obreros hablan de fútbol durante su trabajo”. Por tanto, deben alargar la jornada laboral más allá de su horario para recuperar el tiempo perdido. (Otra cosa distinta, claro, es usar el Ipad –regalo del Congreso- para jugar al Candy Crush mientras su jefe, el señor Rajoy, interviene en el Pleno sobre el estado de la Nación).

 

      Yo no podría acallar los embates de mi conciencia si aceptara el voluntario patíbulo, la inmolación a que se ofrecen sus señorías. Ellas están llamadas para obras de trascendencia, casi a la altura de la exosfera. Los diputados, mal que les pese, fueron seleccionados por la Naturaleza… y la Naturaleza es sabia. Por tanto, serían antinaturales tales sacrificios aunque ellos pretendan justificarlos como beneficio a la Humanidad. Lo siento por sus señorías, pero el demoledor sufrimiento de terminar la jornada laboral a las 18:00 horas, diez meses del año, cuatro días a la semana, no es posible. Destinos, hados, sinos o celestes voluntades no seleccionaron a sus señorías para voluntarios martirios.

 

     Estos corresponden a simples mortales: anónimos obreros cuya tarea empieza en la del alba; dependientas metamorfoseadas nocturnalmente como limpiadoras; cajeros a quienes concedieron 28 horas más de trabajo al año y les reconocieron sus derechos a laborar domingos y festivos sin complemento económico alguno... Tales prebendas tienen su precio: deben pagarlo. Y que me perdonen sus señorías.

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