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Domingo, 23 de octubre de 2016

Recordando por qué hay que votar por Demócrata en USA

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   No soy optimista y mucho menos iluso, para pensar que la señora Hillary Clinton lidere una revolución en Estados Unidos de Norteamérica. Tampoco creo que pueda serlo el senador Sanders o aquellos de sus seguidores que más conscientemente entienden las necesidades socio políticas insatisfechas que existen en Estados Unidos.

 

 

    Cuando me he referido a la candidatura de Hillary, he intentado ser lo más claro posible en decir que elegirla "no es lo menos malo sino la mejor opción". ¿Por qué?:  porque el programa del Partido Demócrata es el más avanzado que haya existido en un Partido estadounidense, con probabilidades de ganar unas elecciones. Aunque es cierto que la señora puede o no cumplirlo una vez electa como Presidente, hay que considerar que las circunstancias sociales de hoy en nada se parecen a las de hace dos décadas atrás. Si la señora Clinton se aparta de su espíritu y no demuestra el requerido esfuerzo para convencer a la mayoría del Congreso y no ejercita debidamente sus facultades ejecutivas, para impulsarlo hasta donde las realidades del sistema de balance de  gobierno lo permitan, entonces hay grandes probabilidades para que un grupo numeroso de ciudadanos, que han dado muestras de haber despertado a la realidad política de su tiempo, mostrado la voluntad de continuar su lucha aun después de fracasada la intención de elegir a Bernie Sanders, dediquen sus energías a presionar y exigir en la calle y en las instituciones, sobre todo las universitarias, para que los deberes presidenciales de Hillary sean consecuentes.

 

 

    Los seguidores de Bernie Sanders, avalados por el senador, siguen una fuerte campaña de recolección de fondos para asegura la Cámara de Representantes. Aunque la mayoría del Senado es importante y los sectores progresistas y revolucionarios trabajan para asegurar una mayoría senatorial, los esfuerzos por tener una Cámara de Representantes mayoritaria, en proporciones sustanciales, es tan importante como lo otro. Entre el ala del progresismo, los liberales de izquierda y las nuevas generaciones, existe un gran empeño en este sentido para que pueda ser eventualmente Bernie Sander el Chair del Comité de Presupuesto del Senado. O sea, la batalla continúa porque no se trata de gente que flota con la corriente, sino de personas que se enfrentan al estatus quo y son capaces de desviar su cauce. Una muestra de esto es que las tareas cívicas y políticas se mantienen, de igual modo que las donaciones multitudinarias de los ciudadanos.

 

 

 

    Sanders no ha dejado de trabajar con las uniones. Se reúne todos los días en diversas partes del país con sus representantes y miembros. Frecuenta los centros universitarios para impulsar "Nuestra Revolución". Un movimiento surgido de la “revolución política” que menciona en sus discursos. Ninguna de estas gestiones, son dedicadas para hablar de Hillary o apoyarla, sino para mantener viva la idea del cambio. La Candidata sabe que el necesario apoyo que requiere estará en relación directa a su cumplimiento con el programa acordado. Hillary no tiene dudas que, de salir electa, muy a su pesar no estará sola. Sabe que será una compañía demandante, altanera, defensora de ideas sociales realistas que, al margen de ideologías, han abrazado millones de ciudadanos en el país.

 

 

 

    Mi trabajo, apoyando el voto a favor del programa del Partido Demócrata, no responde a optimismo o sueños ilusorios, sino está orientado a explicar por qué hay que apoyar al Demócrata frente al Republicano e incluso frente a todas las demás tendencias, de las cuales deberán surgir nuevos adalides con novedosas ideas, si la voluntad de Sanders, su salud y sobre todo el entusiasmo de los jóvenes permanece, y continúan organizándose con esa espontaneidad que convierte la variedad de visiones en unidad indestructible.

 

 

    Todo es un ojalá, pero el trabajo es para recordar que la mejor opción del país está en el programa que presenta el Partido Demócrata.

 

 

    Las verdaderas revoluciones no son la insurrección, la protesta o la toma del poder ante una situación de injusticia social. Estos fueron acontecimientos accidentales del pasado. Las revoluciones se realizan en el tiempo, a partir de un comienzo, donde previamente se ha conformado una conciencia social al respecto. Un planteamiento de reformas y su puesta en marcha, tampoco da lugar a una revolución. Pueden existir circunstancias donde la voluntad de un gobierno imponga reglas y reformas que, de existir esa conciencia, puedan derivar eventualmente en una revolución. Pero si la realidad no es favorable para alimentarla o si surgen diferentes y nuevas problemáticas políticas, una vez transcurrido el tiempo, los beneficios pueden ser revertidos. Tal es el caso del New Deal, en épocas del Presidente Franklin D. Roosevelt, en cuyo período se implementaron políticas que resultan inconcebible a la luz de las concepciones económicas conservadoras e incluso de la mayoría de los economistas liberales. La subida de impuesto, las limitaciones a las herencias, el control de precios durante la guerra, el límite a los altos salarios e incluso a los salarios profesionales o técnicos de nivel alto con beneficio para los más bajos, todas esas medidas, acompañadas del gran legado que significó el Seguro Social, y el seguro de desempleo, aun hoy día, cuando se proponen, son repelidas a título del “libre mercado”, la “demanda y la oferta” y otras tendencias creadas por la economía.

 

 

 

    Cuando Roosevelt fue electo presidente, el 0.1% poseía el 20% de la riqueza nacional. En 1955, ese mismo grupo sólo poseía el 10%. Si la tendencia progresista sufrió un retroceso desde finales de los sesenta fue debido al racismo del sur que le retiró el apoyo histórico al Partido Demócrata y al comienzo de la Guerra Fría a fines de la década de los cincuenta, lo cual exacerbó enfermizamente los prejuicios anticomunistas y creó confusiones entre socialismo, comunismo, social democracia e incluso el social cristianismo de las encíclicas papales. Estas circunstancias inesperadas frenaron los adelantos de la época de Roosevelt.

 

 

 

    Las tendencias económicas no pueden manejarse por decreto, pero la experiencia ha demostrado que reguladas y administradas, con cuidado de no violentar los fenómenos incontrolables que surgen de las voluntades del consumidor, funcionan mejor y con mayor eficiencia. Los defensores del Estado Capitalista, lo saben muy bien.

 

 

 

    Estas elecciones y especialmente el éxito necesario del Partido Demócrata son cruciales, para que los impulsos ciudadanos que han marcado nuevos horizontes, cristalicen y tengan un camino más expedito donde desarrollarse.

 

 

 

    Con Trump también pudieran tener ciertos desarrollos, pero las tendencias políticas podrían inclinar con mayor fuerza hacia la creación de una sociedad tecnocrática frente a la más humana, participativa y democrática que indican los discursos y el pensamiento progresista que hemos presenciado hasta hoy.

 

 

 

    Así lo veo y así lo digo.

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