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Martes, 18 de octubre de 2016
"Este país no necesita promesas, sino ayudas concretas"

Urge salvar a Haití de la pobreza y el olvido

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Aunque poco se informa al respecto -escribe nuestro colaborador Orlando Ruiz Ruiz - el alcance de la colaboración brindada a Haití en medio de sus sucesivas desgracias es nimia. El estado deplorable de su población y la desprotección ante los fenómenos naturales como el huracán Matthew, que acaba de dejar más de cuatro centenares de muertos, así lo confirman (...).

 

Por ORLANDO RUIZ RUIZ (*) / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

 

   Haití duele como una herida honda que no logra sanar. Puede asegurarse que nadie que habite hoy en cualquier sitio de la devastada nación del Caribe insular, marcada por las sacudidas del planeta y la furia de los huracanes, guarde recuerdo alguno de haber vivido tiempos de bienestar.

 

 

 

   Pero en esta tierra no siempre se enseñoreó la miseria, hace poco más de dos siglos la nación caribeña producía las tres cuartas partes del azúcar mundial. Las sucesivas intervenciones extranjeras y la voracidad de la dictadura de los Duvalier abrieron las puertas al saqueo más despiadado y condujeron al país en un breve lapso a la pobreza y el desamparo.

 

 

 

   Los intentos por emanciparse se desvanecieron siempre ante la presencia de los fusiles estadounidenses y las presiones económicas: dos golpes de Estado contra Aristide -el presidente que surgió de la voluntad popular- e incontables acciones políticas truculentas así lo confirman.

 

 

 

   Hace algo más de dos décadas una reportera cubana que visitó entonces a los médicos cubanos que ya prestaban servicios de colaboración en la isla, relata: "por el borde de las calles y caminos corre el agua de los vertederos. Allí es frecuente ver gente que orina o corrige, pero también niños que enjuagan sus manos o hacen navegar un barco de papel, en inocente desafío a la enfermedad".

 

 

 

 

  La estampa de Puerto Príncipe antes de ser barrida por el terremoto y los huracanas era ya la de una ciudad de amargos contrastes: “modernos automóviles que circulaban por las estrechas calles y caminos sin asfaltar, rodeados de una multitud de transeúntes en perenne movimiento entre el polvo con cestas o cualquier tipo de artefacto sobre sus cabezas”.

 

 

 

   Esta urbe nació en las faldas de un sistema montañoso que forma parte de casi todo el territorio haitiano. La ciudad nunca ha prosperado, pero ha crecido hacia arriba. La lucha por la supervivencia de los pobres y el intento de evasión de los más ricos se fue convirtiendo con los años en un maratón interminable. Unos agarraban a como se podía sus chozas a las laderas; otros, los más "afortunados", afincaban los cimientos de sus palacetes en lo alto. El terremoto aplicó a todos su justicia; luego avalanchas y deslaves como los provocados por el huracán Matthew han completado la obra destructora.

 

 

 

  Para los grandes medios tal parece que el desastre comenzó el 12 de enero del 2010; pero hace 20 años cifras oficiales indicaban que el 70% de los haitianos no tenía empleo, mientras la deuda con los Estados Unidos y la Unión Europea, superaba ya los 900 millones de dólares. Por esa época las Naciones Unidas habían reconocido ya que igualmente el 70% de los habitantes de Haití vivía por debajo del nivel de pobreza, y no había grietas en la tierra.

 

 

 

   La tragedia para este pueblo no es un fenómeno nuevo. Como relata una reveladora crónica también aparecida tras la presencia de los primeros médicos cubanos en Haití: “Para los haitianos el que está enfermo se tiene que morir, porque salvarse siempre ha costado muy caro y están muy entronizadas las predestinaciones religiosas que justifican en las personas pobres esta realidad”.

 

 

 

   Son precisamente los médicos y enfermeras enviados por Cuba desde hace más de tres décadas los que han ayudado a borrar ese concepto fatalista entre la población de los barrios insalubres

 

 

 

   Tras el terremoto las naciones más poderosas prometieron perdonar la deuda, pero nadie sabe cuál de ellas. En ese entonces, el 40% estaba en propiedad del Banco Mundial, el otro 40% del adeudo era con el Banco Interamericano de Desarrollo, y del 10% correspondía al Fondo Monetario Internacional.

 

 

 

  Aunque poco se informa al respecto, el alcance de la colaboración brindada a Haití en medio de sus sucesivas desgracias es nimia. El estado deplorable de su población y la desprotección ante los fenómenos naturales así lo confirman. Son precisamente estas instituciones crediticias las que convirtieron con sus políticas de choque a esta nación en un país mendigo. Mientras tanto Cuba, abatida también por las furias de la naturaleza, sigue mandando sus médicos a sanar las nuevas heridas

 

 

 

   El gobierno de Estados Unidos “conmovido” por el terremoto del 2010 dijo que iba a dedicar “miles de millones de dólares para ayudar al pueblo haitiano”. En los días posteriores al desastre comenzó enviando 2 mil soldados y 250 "sanitarios". En las semanas siguientes la ayuda se redujo al envío de 14 mil marines, el aumento del presupuesto militar y alguna que otra migaja.

 

 

 

   Actualmente este país en bancarrota y devastado por el sismo y los sucesivos huracanas no necesita promesas de préstamos, sino una ayuda concreta como la que ha llevado la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América o la que hacen llegar hoy naciones como Cuba y Venezuela. Urge salvar a Haití de la pobreza y el olvido.

 

 

 

[Img #46509]   (*) Orlando Ruiz Ruiz periodista, escritor y colaborador de Canarias Semanal.org. Ejerció su labor como  jefe de la Sección Internacional del periódico portavoz de los sindicatos cubanos "Trabajadores". Actualmente, trabaja en el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, como Especialista de Apoyo al Trabajo Político.              

 

 

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