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Martes, 4 de octubre de 2016

La oligarquía de los partidos políticos y el modelo representativo: ¿Democracia? (Vídeo)

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El funcionamiento de la sociedad democrática occidental, en sus diversas y diferentes manifestaciones, se encuentra dominado -sostiene Juan Francisco Ramírez por las respectivas oligarquías imperantes en cada momento histórico.

 

   El funcionamiento de la sociedad democrática occidental, en sus diversas y diferentes manifestaciones, se encuentra dominado por las respectivas oligarquías imperantes en cada momento histórico. Es lo que se denomina en sociología y política, “Ley de Hierro”. Llegados a este punto, conviene aclarar que el sistema político occidental no es propiamente una democracia, pues su funcionamiento está sustentado en el modelo de república representativa.

 

 

 

    En referencia a los acontecimientos políticos que, actualmente, vive el conjunto de la sociedad española, la cual asiste, impávida y expectante, en un contexto histórico inaudito e imprevisto por los padres constitucionalistas españoles del siglo XX; concretamente, estamos refiriéndonos al hecho extraordinario ante el que se encuentran los ciudadanos españoles, los cuales se ven abocados, a una hipotética repetición de unos terceros comicios electorales; ello, ha supuesto enfrentamientos y el desgaste de los propios candidatos políticos afectados; tal situación, resulta extremadamente lesiva, por el desanimo  e indignación que infiere en la ciudadanía, que, harta de la incertidumbre y desconfianza, que supone  la “partitocracia o partidocracia” imperante, pues se anteponen los intereses partidistas sobre el de la propia estabilidad del Estado, es decir, relegan a un segundo plano la cuestión estatista; todo ello, redunda en la desafección y en el descrédito del sistema democrático.

 

 

 

    La situación de incertidumbre gubernamental, no prevista por los redactores constitucionalistas, generada por causa de un fallo tan notorio y de fácil solución de haberse previsto; pudiendo solventar dicha deficiencia, con la simple introducción del supuesto ante el que nos hallamos, es decir, la falta de acuerdo para conformar el Gobierno del País; ello, itero, podría haberse sanado de haberse regulado adecuadamente; a titulo ejemplo, bastaría con haber insertado un texto que contemplase la posibilidad de formar gobierno en minoría, tras un intento infructuoso y pasado un mes desde los resultados electorales; en tal caso, el partido más votado, aunque no alcance la mayoría necesaria, debería conformar el Gobierno, con o sin el apoyo del resto de las fuerzas políticas.

 

 

   Por otro lado; ante la pregunta ¿Qué partido político ha ganado?, no cabe por menos, dado los resultados, que responder de manera ecléctica, ninguno y todos; ahora bien, lo incuestionable es que el auténtico ganador de los comicios electorales, notoriamente, ha sido la abstención; por lo tanto, vemos que los diferentes líderes políticos y sus respectivos equipos resultan incapaces de entender el mensaje vertido en las urnas por el pueblo; ante tal panorama, sólo podrían tomarse dos decisiones, es decir, un gobierno de coalición liderado por la opción con mayor número de votos obtenidos; y, en el supuesto caso de imposibilidad material de coligación en aras de salvaguardar el interés nacional, la segunda opción lógica y sensata, que, además, de evitar el gasto económico que conlleva cualquier proceso o consulta electoral, pasaría por permitir formar gobierno a la opción más votada; eso sí, en minoría.

 

 

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    Los partidos políticos, desde siempre, han sido partitocraticos y oligárquicos, es decir, respetan las decisiones populares hasta el momento de tirar el sobre en la urna; luego, se produce la lucha partidista con sus homónimos rivales, por sustentar el control del poder político a expensas de los intereses nacionales, es decir, lo que se ha venido en denominar la “ley de hierro de los partidos políticos”, tal como expresaría en 1902, Robert Michels.

 

 

    Enumeraremos algunas de las causas, por su mayor resonancia mediática, del desapego de los electores ante la clase política; el actual nivel de descrédito alcanzado, por los muchos casos de corrupción política, entre otras múltiples y varias; a título ejemplificativo, enumeraremos algunas de las muchas causas; resultando una clasificación “Númerus Apertus”:

 

 

 

  • Corrupción política
  • Políticos con múltiples cargos orgánicos e institucionales
  • Falta de canales de participación real de los ciudadanos en la vida activa política
  • Dominio del poder, por parte de la plutocracia
  • Partitocracia o partidocracia
  • Listas electorales cerradas
  • Falta de democracia interna en los partidos políticos
  • Oligarquía
  • Los políticos ni dimiten, ni se les cesa.
  • Imposibilidad de revocar o retirar el mandato al representante político
  • Puertas giratorias
  • Sindicatos poco o nada representativos
  • Venta y/o delegación de la gestión de empresas y servicios públicos esenciales
  • Etc.

 

 

 

    La clase política actual, incluida la que ha devenido en utilizar el término de casta frente a las otros rivales, raya en lo patológico; siendo producto del enorme descrédito, que por meritos propios, lamentablemente, se ha ganado la clase política en general; así la democracia es un sistema en el que las oligarquías se instalan o enquistan de forma permanente en los diferentes y variados círculos del poder; en algunos casos, durante décadas. Todo ello, configura el divorcio o desafección existente entre la ciudadanía y la actual clase política, la cual vive aislada de sus representados.

 

 

    El liderazgo político para evitar endogamia, oligarquía y/o castas, debería limitarse “ex lege” a un mandato y, de manera exclusiva y excluyente, a un cargo único ya sea orgánico o institucional. “Con la institución del liderazgo comienza, como secuencia de lo prolongado de la función, la transformación de los líderes en una casta cerrada”. (Michels, Robert, “Los partidos políticos” Tomo I – pág. 194)

 

 

 

Conclusión. El sistema democrático, sustentado en un modelo de partidos políticos de carácter estatal y decimonónico con independencia de sus respectivas señas ideológicas, resulta un modelo de agrupamiento ideológico totalmente desgastado y anacrónico; dicho de otro modo, el modelo actual de partido demanda una profunda modificación. No olvidemos; no sólo está desmotivada la clase ciudadana veterana, también lo están los  jóvenes con derecho a voto; estos últimos son los grandes ausentes del sistema político de partidos. En definitiva, sociedad del siglo XXI exiguo nuevas formulas de participación y de representación política, alejadas de los modelos oligárquicos preexistentes. De hecho, la democracia representativa se inventó para evitar que el conjunto de los ciudadanos o pueblo, decidiera, quedando en manos de una pequeña clase minoritaria elitista revestida de los poderes políticos necesarios, para decidir por el conjunto de los ciudadanos.

 

 

 

  “La democracia es un sistema imperfecto, pero es el menos malo de los que existen” (Winston Churchill); sin embargo, al igual que la evolución de la humanidad no resulta inmutable la democracia; por ello, añadiríamos, la humanidad ha de buscar formulas alternativas de participación directa de los pueblos en la política que les ha de guiar, imponiéndose el mandato revocable o revocatorio del representante por los representados. Asimismo, no cabe duda que la interpretación y aplicación coercitiva de las leyes elaboradas en pro del interés general del pueblo por sus representantes; sin embargo, paradójicamente, la interpretación y aplicación de esas normas legales, queda a manos de un sistema judicial compuesto por jueces y magistrados, funcionarios del Estado, no elegidos directamente por el pueblo soberano del cual, teóricamente, emanan todos los poderes de la nación.

 

 

   Los cargos políticos, en un sistema auténticamente democrático, deberían ser elegidos de y entre los conciudadanos cualificados o preparados adecuadamente, de manera directa, aboliéndose los partidos políticos; el mandato por tiempo determinado, sin reelección y revocable. Para que el poder pertenezca al pueblo soberano, no puede estar sustentado en un sistema de gobierno representativo de electos partitocraticos, si no en un sistema en el que los ciudadanos sean los auténticos detentadores del poder político.

 

 

   Conforme a lo expuesto, en los párrafos precedentes, el sistema político instaurado en los países occidentales está manejado por una “dictocracia plutocrática”, sustenta sobre un modelo de representación oligárquica mediocre, al que se ha dado en denominar, sir ser tal, democracia.

 

 

Sea lo que sea, tan pronto como un Pueblo se da representantes deja de ser libre y, además, de ser pueblo.” Rousseau, “El contrato Social”, SARPE, Madrid, 1983 (Libro III, Capítulo XV - pág. 150)

 

Como ya dijera Alexis de Tocqueville, una de las grandes figuras representativas del pensamiento político del siglo XIX: “No le temo al sufragio universal, pues la gente votará lo que se le diga”

 

Juan F. Ramírez (Abogado, Analista Político e Investigador)

 

Glosario de términos utilizados:

  • Grupo exclusivo y excluyente, de carácter endogámico o cerrado. Ejerciendo o influyendo sobre el poder. Hoy, por analogía, se atribuye el término a los grupos con privilegios económicos y políticos.
  • Origen Atenas (s. V a.C.); tiene dos aspectos: Ideológico o nematológico (aspecto abstracto, la democracia es un sistema político fundado en la soberanía popular, es decir, el gobierno del pueblo) y el tecnológico (elecciones, urnas, programas, partidos políticos, etc.) – Gustavo Bueno (1)
  • Ex lege: En virtud de la Ley.
  • Grupo reducido de personas, revestidas de poder e influencia en un determinado sector social, económico y político (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua)
  • Partitocracia o partidocracia: El gobierno, poder o influencia de los partidos políticos
  • Forma de gobierno en el que el poder está en manos de los más ricos o directamente influenciado por ellos. Del griego plutos (riqueza) y Kratos (poder).
  • República representativa. Modelo de gobierno, basado en la delegación de la soberanía popular, por los ciudadanos, a mano de grupos de políticos elegidos periódicamente.

 

Breve bibliografía referida al tema expuesto:

  • Aristóteles, “Política”
  • BOBBIO, Norberto, “La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político”, México, 2001
  • DENNIS, Jeambar y ROUCAUTE, Yves, “Elogio de la traición. Sobre el arte de gobernar por medio de la negación”, Gedisa, S.A., Barcelona, 2008
  • GARCOA TREVIJANO, Antonio, “Frente a la gran Mentira”, Espasa Calpe, S.A., Madrid, 1996
  • MICHELS, Robert “Los partidos Políticos”, Amorrortu/editores,S.A., Argentina/Madrid, 2008
  • OSTROGORSKI, Moisei, “La democracia y los partidos políticos”, Trotta, S.A., Madrid, 2008
  • Platón, “DIALOGOS, Libro IV, República” Ed. Gredos, S.A., Madrid, 1988
  • ROUSSEAU, Jean Jacques, “El Contrato Social”, SARPE, 1983
  • SARTORI, Giovanni, “Partidos y sistemas de partidos”, Alianza Ed., Madrid, 2005
  • WEBER, Max, “Sociología del poder. Los tipos de dominación”, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2012

 

Vídeo documental recomendado: ¿Qué Democracia?, de Patricio Escobar, realizado por ARTÓ cine, Argentina – 2013, licencia Copyleft: https://www.youtube.com/watch?v=kOMcMgV1no8

 

Cita utilizada.

Conferencia del filósofo Gustavo BUENO ¿Qué es Democracia?

 

 

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