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Martes, 27 de septiembre de 2016
¿Deberes sí, o deberes no?

A PROPÓSITO DE LOS DEBERES ESCOLARES

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POR MANUEL NAVARRETE (*) / CANARIAS SEMANAL
 

 

      Soy profesor precario cuando me dejan. No tengo mucha experiencia, pero ya he trabajado en cuatro IES, desde 2012 - empecé con 29 años - hasta el día de hoy.

 

 

      No suelo mandar deberes. Algunos días, les dejo los últimos 10 minutos de clase para hacer actividades. Eso sí, el que no las haga o esté de cachondeo debe concluirlas en casa. ¿Qué sería de la clase si ni siquiera pudiera obligarles a eso?

 

 

      Aunque yo soy de secundaria, también tengo experiencia ayudando con los deberes a mi sobrina Alejandra, y a otros niños de primaria en Barrio en Pie. ¿Cómo se puede negar el efecto benéfico que ha tenido sobre Alejandra su ratito de leer, escribir, buscar palabras como si fuera un juego o hacer un par de sumas y restas?

 

 

     Sobre todo: ¿cuál es la alternativa? ¿Que Alejandra se pase toda la tarde viendo la tele, los dibujitos o jugando a la Play Station?

 

 

       Los niños deben jugar, estoy de acuerdo. Por eso propongo unos deberes racionalizados (nunca excesivos). Que tras comer, a la hora de la siesta, estudien un rato, de 16 a 18. Y luego, a jugar. Es lo lógico. ¿De verdad vamos a arruinarles la infancia por ello?

 

 

       Mucho me temo dos cosas. Una: que los padres que pusieron de moda esto pueden pagarle a sus hijos otros "deberes" (clases de francés, de piano o hasta de pádel). Ya se sabe: los niños de clases educadas no necesitan deberes para nada. Ya lo llevan todo sabido de casa.

 

 

     Dos: el sistema les dará la razón. Al fin y al cabo es lo que quiso siempre: una masa obrera joven, sin formación, sin herramientas para pensar críticamente cómo cambiar su realidad, perfecta para el país de "turismo y servicios" que dicta la Troika que seamos.

 

 

     "No les mandes deberes... No les des filosofía, literatura... Desvíalos para que no lleguen a la universidad. Total, solo serán camareros para turistas alemanes, británicos, franceses". Eso piensa el sistema. Y luego lo traduce en Bolonia, LOGSE, itinerarios, reválidas, diversificaciones, LOMCE, competencias, no lecturas obligatorias, no deberes...

 

 

      ¿Cuándo entenderán, quienes apoyan esto, que Montessori y otros proyectos educativos de la clase media acomodada no sirven en la escuela pública, donde los niños no vienen domesticados - y ya con conocimientos - de casa? ¿Cuándo querrán entender que la disciplina no es un valor reaccionario, sino una herramienta necesaria para que los jóvenes de barrios obreros se eleven sobre el siniestro destino trazado para ellos? ¿Que en esas realidades es mejor tenerlos haciendo deberes y deportes antes que en la calle? ¿Cuándo aprenderán de Anton Makarenko, de Ken Carter o de tantos otros que entendieron, e hicieron entender a muchos jóvenes en situaciones muy desfavorecidas, que la verdadera libertad, la madurez, el conocimiento son cimas que se conquistan duramente?

 

 

        Yo digo: sí a los deberes, debidamente racionalizados. Sí a un ratito de estudio cada día, incluidos los fines de semana. No al embrutecimiento planificado de nuestra juventud. Piensa... y que no te engañen

 

 

 

(*) Manuel Navarrete es profesor de Enseñanza Media

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