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Martes, 12 de julio de 2016
"La policía de Estados Unidos siempre tira a matar"

Más de 500 muertos son muchos muertos

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En lo que va de año -escribe Lorenzo Gonzalo - han muerto a manos de la “fuerza pública” poco más de 500 personas. Un número muy elevado que compite, en apretada lid, con estados donde la violencia es endémica como México y otros similares (...).

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Por LORENZO GONZALO / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

 

     Philando Castile, ciudadano  de Falcon Heights, Minnesota, había sido requerido 52 veces por la policía. Las razones fueron todas de escasa importancia, relacionadas con asuntos de tráfico. Unas veces por ir a exceso de velocidad, otras por no tener el cinturón de seguridad como lo exige la ley o quizás por no tener el tubo de escape en condiciones técnicas aceptables. La última vez que lo detuvieron le pidieron los papeles, como es costumbre cuando un oficial de tráfico detiene un vehículo. Antes de mostrárselos, Philando le dijo al oficial de policía que traía un arma, para lo cual tenía la debida licencia. Así se procede cuando uno porta un arma al momento que un policía lo detiene por razones de tránsito u otras. Esta vez fue asunto fatal para Philando. El policía le disparó varias veces en presencia de su hija y su señora, quienes lo acompañaban en ese luctuoso día.

 

 

 

 

   Alton Sterling vendía CD´s en las afueras de una tienda, cuando un desamparado le pidió dinero varias veces. Sterling le mostró un arma y le dijo que lo dejase tranquilo. El desamparado llamó con su celular (en Estados Unidos los vagabundos tienen celulares) y aparecieron dos policías que antes de preguntar se abalanzaron sobre Alton y sin esperar mucho le dispararon a quemarropa.

 

 

 

 

   Este domingo 11 de julio, unos socios de iglesia, hermanos en Cristo, cúmbilas, como dirían en buen argot cubano mis paisanos de la Isla, uno de ellos oficial de policía, tuvieron una acalorada discusión en Facebook respecto a un movimiento cívico llamado Black Lives Matters (La Vida del Negro Importa).

 

 

 

 

   El joven Tyler Gebhard, de 21 años, aparentemente se encolerizo con el oficial, su socio de iglesia, hermano en Cristo. Aparentemente porque su amigo policía no tiene una buena opinión del movimiento que intenta defender el derecho de los negros, y entonces se dirigió a su casa. Después de llamar varias varias veces al timbre sin obtener respuesta, lanzó una pesada maceta de cincuenta libras contra una ventana y penetró en la casa. Pasados unos segundos Gebhard recibió dos disparos en el pecho. (Es de notar que la policía de Estados Unidos siempre tira a matar, al parecer porque de esa manera evita los márgenes de error).

 

 

 

 

  Gebhard fue trasladado al hospital,  donde fue declarado muerto nada más llegar, porque los policías estadounidenses, aunque se critica que no reciben los mismos entrenamientos del FBI y otras agencias, tienen una extraordinaria puntería para dar siempre en el pecho y jamás en una pierna, un brazo, una rodilla o un punto corporal que inmovilice al loco, maniático o acalorado que intente mostrarle un bate, una piedra u otra arma “letal” semejante.

 

 

 

   No voy a defender a Gebhard, porque nadie puede entrar en mi casa de esa manera y si lo hace las consecuencias no creo que sean muy buenas, aunque creo que le daría el balazo en zonas menos mortales, sobre todo si estoy avisado del caso, como fue el de este oficial cuyo nombre aún no se conoce porque han transcurrido apenas un par de horas del hecho. Quizás cuando salga publicado este trabajo ya sepamos el nombre del oficial.

 

 

 

 

   Pero después de estos acontecimientos de los últimos días, donde resultaron muertos Philando Castile, Alton Sterling y más recientemente, hace un par de horas Gebhard, más la respuesta agresiva de un solitario en Texas, idéntico a miles que deben existir en esta sociedad enormemente enajenada, quien después de posicionarse como francotirador, mató a cinco agentes de la policía, hirió a siete más y a dos civiles durante una manifestación en protesta por las mencionadas muertes, debemos continuar con las reflexiones que desde hace años venimos haciendo:

 

 

 

   “Esta sociedad tiene grandes problemas, sus derechos humanos son cuestionables y debemos estar seriamente preocupados”. No sólo deben preocuparse quienes viven permanentemente en Estados Unidos y quienes estamos aquí circunstancialmente y tenemos la respiración en Cuba y las dos piernas en Florida, sino los vecinos del país y también aquellos que viven lejos del Norte en otras latitudes.

 

 

 

 

   Todo esto es preocupante. Ya a estas alturas casi no vale la pena mencionar el nombre de los asesinados en manos de las fuerzas de supuestos agentes del orden. Son tantos que, aunque nos duela decirlo, el asunto cobra dimensiones sociales de gran envergadura y el asesinado no es una persona sino una sociedad en pleno. Porque, de paso, mencionaremos que en estos días también han resultado baleados y muertos por la policía varios latinos, entre ellos una mujer.

 

 

 

 

   En lo que va de año han muerto a manos de la “fuerza pública” poco más de 500 personas. Un número muy elevado que compite, en apretada lid, con estados donde la violencia es endémica como México y otros similares. Es preocupante, sobre todo porque es un Estado que impone condiciones de “derechos humanos a otros” y se justifica con malabarismos leguleyos para explicar estos sucesos, pero que obviamente, resulta impotentes para detener la ola de asesinatos y muertes que desgraciadamente comenten las “fuerzas del orden”, sin contar las miles de muertes que ocurren por tiroteos de otra naturaleza.

 

 

 

 

  Más de 500 muertos a manos de la “fuerza pública” son muchos. Es más fácil decir el número que mencionar los nombres.

 

 

 

 

  Dios coja confesados a los creyentes y ampare a quienes confiamos en la justicia que no llega.

 

 

 

   No es fácil, como diría un cubano de pura cepa.

 

 

   Así lo veo y así lo digo.

 

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