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Lunes, 13 de junio de 2016
"El decursar indetenible ha esculpido con sus cinceles de tiempo y aguacero un verdadero monumento sobre las piedras de más de cuatro siglos"

La Habana, mi Ciudad Maravilla

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Ningún cubano digno imagina en esta urbe la presencia perturbadora de los prostíbulos o las multitudinarias protestas callejeras, como las que en los más diversos lugares escenifican cada día trabajadores desocupados, minorías excluidas, mujeres privadas de derechos fundamentales, estudiantes descontentos, homosexuales discriminados, campesinos golpeados por la miseria o gente sin acceso de salud y educación (...).

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Por ORLANDO RUIZ RUIZ / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 

    La Habana acaba de ser declarada Ciudad Maravilla, y para algunos resulta sorprendente y hasta contradictorio que este conglomerado humano con sus achaques provocados por años de carencias y sus vetustas edificaciones y calles  de adoquines y asfalto desgastados, donde no siempre alumbran en todo su esplendor las luminarias públicas, sea precisamente una de las siete urbes más notables del planeta por los atractivos y singularidades de su paisaje urbano.

 

 

    Pero ocurre que La Habana es mucho más que su imagen en sí misma. Aquí se suman y se mezclan en un concierto de rara unidad arquitectura, tradiciones, sabores, pregones, cultos, sonoridades y cordialidad, sustentados en ese soporte único que es su gente.

 

 

 

    El habanero, pícaro y atrevido, sonriente y esforzado, hecho para el desprendimiento y la solidaridad, es precisamente quien hace la auténtica maravilla que hoy se le atribuye a la antiquísima villa de San Cristóbal de La Habana.

 

 

 

    En la veteranía de esta ciudad el decursar indetenible ha esculpido con sus cinceles de tiempo y aguacero un verdadero monumento sobre las piedras de más de cuatro siglos. Han cobrado vida nuevos palacios y columnatas; conventos y droguerías; fachadas de aire barroco o morisco y plazas donde vuelan con un mismo viento palomas y faldas. Todo gracias a una de las obras más trascendentales emprendidas en Cuba dentro del proceso revolucionario: la restauración de la Habana Vieja.

 

 

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    Aunque mucho antes se había iniciado el proceso de restauración, después de ser declarada por la UNESCO en 1982 Patrimonio de la Humanidad, la zona más antigua de la Capital cubana comenzó a vivir una nueva dinámica. Ha sido desde entonces marcada por una notoria obra social, que busca despertar sentimientos de compromiso y pertenencia en un espacio urbano que no se ofrece a quien llega de visita como museo, sino como ente vivo y habitado.

 

 

 

   La Oficina del Historiador, dirigida con tino y atrevimiento por el genio del doctor Eusebio Leal Spengler, ha impulsado el desarrollo citadino a través de múltiples proyectos de reanimación sociocultural y de atención a los grupos poblacionales más vulnerables.

 

 

 

   Con el resuelto apoyo material y político de la máxima dirección del país, el historiador, a la vez que reconstruye por doquier viejos edificios, ha consagrado sus mejores esfuerzos a restituir hábitos de vida en la familia y a rescatar el valor emblemático de la escuela y el hogar, vinculándolos desde la cultura a los símbolos más genuinos de la identidad nacional y el patrimonio.

 

 

 

   De este modo, instituciones como los museos, los centros culturales y las bibliotecas favorecen el enriquecimiento espiritual de quienes habitan el Centro Histórico de la Capital cubana.

 

 

 

   En la Habana Vieja existen hoy más de sesenta museos y centros culturales, que tienen entre sus objetivos esenciales contribuir al conocimiento de la historia y la cultura de la nación, preservar las expresiones materiales y espirituales contenidas en el patrimonio y propiciar su conocimiento y comprensión para que estos valores tangibles e intangibles sean preservados para las futuras generaciones.

 

 

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    Por las calles de bullicio, musicalidad y prisa del Casco Histórico habanero y por cualquier otro sitio de esta ciudad, usted puede transitar tranquilo sin la preocupación de un maleante al acecho que pueda sorprenderlo al doblar la esquina; no hay limosneros a la puerta de los mercados o los templos; la mayoría de los cubanos están vestidos con dignidad, y hasta con demasiado ropaje y gangarria para este clima que en el apogeo del invierno nos prodiga con el más luminoso destello de sol.

 

 

 

   Como lo ha descrito un reportero venido de otras latitudes al tocar tierra cubana: “No es el glamour lo que caracteriza a La Habana, tampoco la opulencia ni la suntuosidad de grandes rascacielos o edificios que desafían las leyes de la gravedad, como muestra de un desarrollo marcado por el derroche financiero y tecnológico”.

 

 

 

   Es su gente y la existencia en sí misma de una de una ciudad apacible y segura, alegre y luminosa.

 

 

 

 

 

[Img #44830](*) Orlando Ruiz Ruiz periodista, escritor y colaborador de Canarias Semanal.org. Ejerció su labor como  jefe de la Sección Internacional del periódico portavoz de los sindicatos cubanos "Trabajadores". Actualmente, trabaja en el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, como Especialista de Apoyo al Trabajo Político.

 

 

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