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Jueves, 9 de junio de 2016
Las mentiras usadas para justificar “intervenciones humanitarias”

Utilizan la hambruna de niños colombianos para pedir una intervención en Venezuela

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El pretexto que parece querer utilizarse para una posible agresión contra Venezuela parece ser - denuncia nuestro colaborador Juan Andrés Pérez Rodríguez - el de la supuesta "crisis humanitaria por hambre" que estaría sufriendo el país. En la preparación de esta coartada, la oposición del país latinoamericano no ha tenido escrúpulos en hacer pasar por un niño venezolano desnutrido a uno de los miles de menores que realmente están muriendo de hambre en la vecina Colombia (...).

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    No hace falta ser un experto en asuntos militares para comprender que a una probable intervención militar yanqui en Venezuela solo le faltaría el pretexto, la justificación, para desatarse con todo su poder. Las condiciones necesarias para ello se han ido creando mediante una persistente campaña mediática.  

 

 

   En marzo de 2015, Barack Obama declaró que Venezuela representaba una “amenaza extraordinaria e inusual” para EE.UU. Tal y como apreciara el investigador y analista argentino Atilio Borón, este el tipo de declaraciones que suelen preceder a las agresiones militares.

 

 

 

   Sin embargo, las guerras de agresión imperialistas, no comienzan con el accionar de las armas, sino con el asesinato de la verdad y la encarnación de todos los males en la figura de un líder o de un pueblo. En esencia, se trata de la reproducción del viejo mito del agresor y la víctima, que en el caso venezolano los medios han decidido otorgar a Nicolás maduro y la oposición venezolana,  respectivamente.

 

 

 

    El pretexto que parece querer utilizarse para una posible agresión contra Venezuela, que se viene trabajando con precisión nanométrica, es el de una presunta crisis humanitaria por hambre. Por todas partes, medios de comunicación y actores políticos de toda laya  hablan de esta supuesta crisis humanitaria y reclaman una intervención.

 

 

     En un segundo plano ha quedado el tema de la seguridad con el que tanta propaganda se hizo en el pasado reciente.

 

 

      En este punto preciso, la descomunal manipulación mediática que ha acompañado el devenir de la revolución bolivariana se centra en emocionar repetidamente a la opinión pública con desgarradoras historias humanas del estilo de la de los niños de las incubadoras de Kuwait asesinados supuestamente por soldados iraquíes, que justificaron la primera guerra contra Iraq en 1991, los falsos campos de exterminios  en Bosnia o  la religiosa bosnia violada, junto a otras dos hermanas, por milicianos serbios.

 

 

 

     Como en todas aquellas intervenciones precedidas invariablemente por calcadas campañas de manipulación y mentiras, contra Venezuela también el presunto fin sirve para justificar cualquier medio. Es decir, que contra los "malos" está permitido inventarse los hechos.

 

 

    Sin embargo, a la repetida imagen del desabastecimiento en Venezuela, provocado por la guerra económica de  la burguesía contra el proceso bolivariana, siempre le han faltado otras imágenes que permitieran ilustre los “estragos del hambre”.

 

 

     Al no contar con esos testimonios, la oposición venezolana ha decidido usurparlas de otra realidad, por cierto silenciada por los medios, donde el hambre sí se ceba con la vida de los niños, para ofrecérselas en bandeja al mundo como “víctimas de Maduro”

 

 

   A principios de esta misma semana la dirigente opositoria María Corina Machado presentó como si se tratara de un niño venezolano, la imagen de un menor  con elocuentes signos de desnutrición.

 

 

    En su cuenta de Twitter, Corina Machado publicó la instantánea acompañada del siguiente texto: “en Venezuela, niños muriendo de hambre. Dios mío, ¿qué más hay que esperar?”

 

 

   En realidad, la imagen que intentaba pasar de contrabando a la opinión pública pertenecía a un niño colombiano y había sido extraída de un medio de aquel país que informaba de la “muerte de otro menor por desnutrición en La Guajira”.

 

 

 

    De acuerdo con los datos ofrecidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH, esta situación habría causado la muerte  a 4.770 niños colombianos entre 2007 y diciembre de 2015.

 

 

 

   Lo tristemente paradójico de este ignominioso intento de manipulación es la utilización de verdaderas víctimas de un genocidio que, sin embargo,  ignora escandalosamente la canalla mediática.

 

 

 

    El niño de la fotografía pertenece a la etnia Wayúu, la mayor nación indígena de Colombia, que se muere de hambre y sed, porque el río madre de la región a la que pertenecen fue represado y su agua privatizada para el servicio de la industria agrícola y la explotación de la mina de carbón -a cielo abierto- más grande del mundo. 

 

 

 

    De esta verdadera crisis humanitaria ningún medio hace campaña. Ni siquiera, después de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pidiera al Estado colombiano, en diciembre de 2015, como responsable de ese genocidio, que atendiera “la desnutrición infantil” de niños, niñas y adolescentes de las comunidades de Uribía, Manaure, Riohacha y Maicao del pueblo Wayúu.

 

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