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Jueves, 7 de abril de 2016

Frente a la sospecha, la realidad

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   Me sigue preocupando la gente y las instituciones que tienen el estilo de inculcar sospechas ante hechos positivos. Precisamente eso está sucediendo tras el anuncio del establecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Muchos de nosotros hemos luchado largos años para lograrlo y ahora, algunos en vez de alegrarse siembran sospechas.

 

 

    Nadie en su sano juicio duda, que el Poder Político estadounidense, los europeos y algún que otro país latinoamericano, están interesados en que Cuba regrese al orden institucional llamado democracia representativa. Tampoco podemos dudar que la decisión de Estados Unidos de Norteamérica de establecer relaciones con Cuba y sus gestiones a medias para eliminar el bloqueo, significará renunciar a esas pretensiones. Ya lo he dicho: todos queremos que el otro piense como uno y el Poder Político de cada Estado pretende y labora de manera abierta o velada, para que los Estados próximos y lejanos adopten el suyo o se aproximen a sus concepciones.

 

 

    Cuba tiene estrechos lazos con Venezuela, la apoya y así le sucede también con Ecuador, Brasil, Uruguay, Argentina y Bolivia. También mantiene estrechos vínculos con los movimientos que en otros países laboran en instituciones políticas para lograr resultados similares a la de los países mencionados. Nadie renuncia a esto. Estados Unidos tampoco y además lo dice con mucha honestidad o cinismo. Ponga Ud. el adjetivo.

 

 

    El establecimiento de relaciones diplomáticas decidido por Estados Unidos, que fue el promotor de la ruptura y su aceptación por Cuba, no cambia esta circunstancia. Tampoco el propósito cubano de organizar un estado socialmente orientado.

 

 

    Como ya he dicho: inculcar sospechas en la población por parte de los sectores involucrados, no ayuda en la gran tarea de hallar soluciones adecuadas y hacer avanzar el país. Actuar frente a las acciones ilícitas es una cosas, convertir la sospecha en hábito es ayudar a dilatar el proceso.

 

 

    Los sectores activos en el escenario de la Cuba actual son unos pocos y están íntimamente interrelacionados. En general su composición está dada por miembros del gobierno, cuya función primordial es defender los lineamientos oficiales y trabajar en aras de su cumplimiento; las personas que se definen como pertenecientes al sistema, ya bien sea porque trabajaron en  esferas oficiales de gobierno o del estado o bien porque colaboraron en su defensa, seguridad o desarrollo; un tercer grupo simplemente apoya el proceso y se siente identificado con las ideas de alcanzar una mejor organización de sociedad; un cuarto grupo de magnitud reducida, son personas que desean un regreso al sistema de partidos típicos de las sociedades donde las corporaciones y el capital son priorizados por encima del bienestar común. Este último grupo se subdivide en algunos pocos que viven en Cuba y reciben beneficios económicos por sostener esas actitudes; la otra parte que vive en el exterior integrado tanto por cubanos como extranjeros que, ante las nuevas circunstancias, pretenden aprovechar las reformas económicas en curso como instrumentos para llevar los cambios por otro camino; y finalmente están los inversionistas y personas de negocios que apuestan por los beneficios económicos posibles que puedan obtener si forman parte de esta nueva faceta del proceso.

 

 

    El soporte del Poder en Cuba está engarzado en los integrantes del gobierno y el Estado, aquellos que se consideran parte del sistema y quienes defienden y apoyan en líneas generales el proceso. Todos ellos tienen como seguidores a los indiferentes. Los factores foráneos de inversión contribuyen a la gestión de los anteriores pero deciden en muy pocas medidas respecto a las estructuraciones sociales. Los otros grupos no tienen influencias, salvo la cobertura de la prensa extranjera que magnifica y distorsiona la trascendencia de los mismos.

 

 

     El Poder está en la dinámica de los tres primero grupos señalados, cuyo porcentaje poblacional supone ser apabullantemente alto; su efectividad está dada por el grado de movilidad que obtengan en la diseminación, extensión y debate de los criterios que elaboran; la solidez de las soluciones que ofrezcan dependerá que conviertan en factor lo social sobre lo individual y en la medida que los aspectos doctrinales sean coloquen a un lado de la discusión, a la hora de plantear y defender sus ponencias.

 

 

    Si no me equivoco del todo al describir el cuadro del Poder en Cuba no hay nada que temer sino por el contrario, hay mucho por hacer, especialmente por parte del Ejecutivo cubano, quien debe desatar nudos con miras a estimular de manera efectiva estos componentes sociales y humanos en los cuales se apoya el proceso social de cambios.

 

 

    No importa lo que piensen o quieran hacer otras personas o que Washington persista en sus deseos de provocar cambios en Cuba por otras vías.

 

 

    Es bueno recordar que en el transcurso de las conversaciones, Estados Unidos no ha puesto sobre la mesa la realización de cambios políticos como condición para levantar el Bloqueo. Las condiciones de ambas partes son referidas a daños y perjuicios durante los años del conflicto y respeto mutuo. En medio de las conversaciones cada cual ha expresado su visión política sobre la sociedad y el Estado, sólo como comentario y para marcar territorio.

 

 

    En realidad hace falta que todos los que ayer pensaban que había que invadir a Cuba, se sumen al nuevo proceso y vitorearlos por sus decisiones, sin pensar cuáles son sus intenciones. No importa que lo hagan con la idea de cambiar el curso del proceso cubano. Lo importante es el cambio de posición, par que los indecisos vean que nada pasa y ellos también se sumen. Mientras el Poder del Proceso Cubano resida en los tres factores humanos señalados, cada uno constituido por millones de cubanos enamorados de sus creencias y sus luchas, las cosas marcharán y los equivocados se cogerán el dedo con la puerta.

 

 

   Con mucha esperanza; sin sospechas ni calificativos; con una gran sonrisa debemos concluir que las cosas suman a favor de Cuba, de Latinoamérica y también, por qué no decirlo, a favor de este gran país que es Estados Unidos de América.

 

 

   Así lo veo y así lo digo.

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