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Lunes, 28 de diciembre de 2015
"Persiste la barrera sustentada en los intereses inherentes al Imperio"

Relaciones EE.UU.-Cuba: Doce meses, tiempo para una reflexión necesaria

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Barack Obama es un hombre inteligente, sin embargo su hechura política está cortada y entallada a la justa medida del sistema, o nunca hubiera llegado a ser presidente de la nación donde se gobierna sobre la filosofía de la infalibilidad, la superioridad y el supuesto derecho a imponer reglas de democracia al resto de los estados. Tiene claro, como ninguno de sus antecesores, que cualquier acuerdo con las autoridades cubanas pasa por la aceptación de la postura independiente de este pequeño país, cuya influencia en el mundo de hoy es un grave error ignorar.

   Por ORLANDO RUIZ RUIZ / CANARIAS-SEMANAL.ORG.- Ha transcurrido un año desde que [Img #42447]el mundo recibió con sorpresa la noticia: Cuba y Estados Unidos acordaban establecer relaciones tras haber pasado más de medio siglo en que la Isla fue sometida a la peor guerra económica y el permanente acoso en todos los ámbitos, con el manifiesto propósito de destruir la Revolución más auténtica y radical que pueblo alguno había protagonizado en este hemisferio a lo largo de la historia.

 


 

    Sucesivos gobiernos ensayaron desde Washington todo tipo de estrategias, formas de injerencia y brutalidad terrorista para tratar de cambiar el curso del torrente transformador que convirtió a cada cubano en una fortaleza de la dignidad y la resistencia, pero todos estos intentos no pudieron menguar un ápice la postura independiente y soberana de la Isla del Caribe que desde el primero de enero de 1959 obligó a la potencia imperialista a rumiar su incapacidad para destruir el liderazgo de Fidel Castro y su influencia en el continente latinoamericano y el mundo.
 

 

 

    El pensamiento de Fidel, multiplicado en cuantos lo seguimos convencidos de la validez de su ideario, se transformó poco a poco en la doctrina y el aliento de una época y cobró tal dimensión que aún bajo el demoledor efecto las amenazas de invasión, los sabotajes, la constante manipulación ideológica  y las carencias que de manera creciente impuso el cerco económico, no hizo mella en la conciencia de una sociedad donde cada familia ha sido marcada por los beneficios esenciales del sistema socialista, la igualdad, la justicia y el derecho a la vida digna la educación, la cultura y la salud.

 


 

   Sentirnos independientes en un mundo donde el sometimiento es una característica distintiva de las relaciones entre naciones ricas y naciones pobres ha sido quizás la mayor fortaleza de este país sin grandes recursos materiales ni poderosas armas de guerra. Esta postura inalterable nos ha hecho tan fuertes que el gobierno imperialista en la persona del presidente Obama -más lúcido que otros ocupantes del trono del poder- llego a la conclusión de que lo conveniente para materializar sus aspiraciones de cambio en Cuba era desistir de agredirla y tratar de inculcarle a sus ciudadanos a través de cuanto propicia la mejoría de relaciones las ventajas del american world of live.

 


 

    Nadie piense que este cambio de política hacia la Isla está animado por el convencimiento de  que la Revolución que no han podido derrotar ha sido aceptada y mucho menos de que el sistema socioeconómico que esta trajo consigo será reconocido en la conceptualización de democracia que los Estados Unidos de América conciben para el planeta. El reconocer que la normalización de relaciones entre los dos países es un hecho incuestionablemente positivo no nos puede conducir a la creencia de que todo está resuelto. Baste constatar que el bloqueo se mantiene inalterable entre telones y que las demandas acerca de la permanente injerencia por la vía radioelectrónica no ha sufrido cambio alguno a lo largo de estos doce meses desde que se estableció el acuerdo. Al hacer el balance de lo logrado a través de los diálogos sostenidos a partir del 17 de diciembre del 2014 la Casa Blanca no hace mención a estas realidades, están sobre la mesa del debate, pero prefiere ignorarlas, aun cuando su eliminación es esencial para la buena marcha del proceso

 

 

 

    Barack Obama es un hombre inteligente, sin embargo su hechura política está cortada y entallada a la justa medida del sistema o nunca hubiera llegado a ser presidente de la nación donde se gobierna sobre la filosofía de la infalibilidad, la superioridad y el supuesto derecho a imponer reglas de democracia al resto de los estados. Tiene claro, como ninguno de sus antecesores, que cualquier acuerdo con las autoridades cubanas pasa por la aceptación de la postura independiente de este pequeño país, cuya influencia en el mundo de hoy es un grave error ignorar.
 

 

 

    Paralelo al proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, la  ultraderecha neoliberal latinoamericana, cuyos hilos se mueven desde Washington, no se ha quedado con los brazos cruzados. Sus recientes victorias en Argentina y Venezuela así lo corroboran y los estrategas del Imperio tienen muy en cuenta tales resultados, cuya influencia permea cualquier decisión en relación con Cuba, sobre todo en temas como la suspensión del bloqueo. No han de sorprender pues las dilaciones y falta de respuestas al respecto por parte de la representación norteamericana en los diálogos.

 


 

     Hay un hecho cierto, es mejor convivir en un ambiente de relativa buena vecindad y dialogar en un contexto en el que se mueven también actores ciertamente interesados en la normalización de los nexos bilaterales y la cooperación recíproca; sin embargo, hay escollos muy grandes que vencer y una barrera impertérrita levantada en el Estrecho de la Florida que a lo largo de la historia ha sido sustentada por los intereses hegemónicos inherentes a la propia naturaleza del imperio.

 

 

 

 

 

[Img #42445]  (*) Orlando Ruiz Ruiz periodista, escritor y colaborador de Canarias Semanal.org. Fue, hasta su reciente jubilación, jefe de la Sección Internacional del periódico portavoz de los sindicatos cubanos "Trabajadores".

 

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