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Por Daymaris Martínez Rubio (**) - Canarias Semanal
Viernes, 23 de marzo de 2012
Entrevista a Vicente Berovides, doctor en Ciencias Biológicas y profesor de la Universidad de La Habana:

"LA CAPACIDAD DE COOPERAR ES EL RASGO HUMANO FUNDAMENTAL"

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[Img #5458]      Para ganarse la ovación de los estadios, a Vicente Berovides Álvarez (*) le bastan su carisma, aderezo campechano, y ese atlético instinto del cubano de adelantarse a la bola, maniatar al contrario y robarse espectacularmente el home.

     Pronto pasará las siete décadas, y al cabo, habrá sido feliz, explorador, náufrago y, sobre todo, una suerte de "monstruo" legendario para generaciones de biólogos y habitantes de esta Isla.  Pero él niega todos "los cargos"; bromea, se sonroja.  Nunca quiso ser un lord.  "Darwin
Poey, García Galló, ellos son los maestros", dice, mientras resuelve que es apenas "un discípulo esforzado"; y que, en fin, mejor no alabarlo no sea que la Parca lo vista de palo.

    Acaba de publicar "Conducta humana.  ¿Herencia o ambiente?", y podría afirmarse que, desde hace unos años, es uno de los más prolijos autores del patio en materia de divulgación científica.  Tampoco es que sea un elegido, aclara, "pero a los editores les divierten esos exergos de 'mientras más conozco a los monos, más entiendo a los humanos'".

    Lo asombroso es que no sepamos demasiado de su vida.  "Sí, porque para los científicos no basta 'con dos que se quieran' (risas).  Mi única preocupación al respecto es el problema de los mundos escindidos.  Ni siquiera la antropología cultural ve a la ciencia como un fenómeno social, como lo es la religión, el arte, la economía.  Pero es que todo es cultura.  Entonces hay un montón de espacios donde el plato fuerte son artistas, deportistas… Pero, ¿científicos?  Nananina".

   Tampoco es para detenerse.  "Los cambios hay que propiciarlos.  No me gusta andar 
[Img #5460]embelesado mientras el mundo está lleno de problemas que tendrían alguna solución".  ¿El creacionismo?  Encoge los hombros.  No le encuentra pies ni cabeza. 

   "Cada vez que estoy frente al pataleo de los creacionistas me digo que nunca perderé mi tiempo discutiendo con fanáticos.  Porque parece imposible que de la noche a la mañana alguien pueda comprender la ley de Mendel, la selección natural, la deriva genética y todos los fenómenos que explican la evolución de las especies.

    "Ahora hay quien quiere creer que la Tierra no gira alrededor del sol y se refugia en la mística.  Pero eso es típico: en la espiral del desarrollo hay períodos de oscurantismo.  Mi esperanza es que al fin se comprenda que la mayor amenaza no recae sobre los científicos, sino sobre las poblaciones que desconocen u olvidan las luces de la ciencia.

   "Soy evolucionista, no un idólatra.  Y eso es algo que tenemos claro los admiradores de Darwin.  Por eso celebramos su bicentenario debatiendo sobre aciertos y desaciertos de aquella mente condicionada por los reflejos de la época victoriana.  Marcel Proust lo dejó claro en una excelente biografía, donde lo presenta como el hombre que fue: un burgués heredero de una fortuna gracias a la cual pudo dedicarse a la ciencia.  Entonces ¿qué más quieren sus señores adversarios?, ¿que también cantara La Internacional?".


Habana 5 a.m.

    Su día comienza de madrugada con un sorbo de café y unos cuantos garabatos.  Luego va a clases, hace colas, escribe.  A veces, transforma la casa en un aula y recibe alumnos de todo el país.  Otras, es él quien va a visitarlos.  Porque es un "yo" incompleto sin los "otros", presiente.  Y porque ayudar lo hace feliz.

    "Bueno, también soy un viajero empedernido.  Aunque, adoro esta ciudad, sobre todo, la parte vieja que es mi espacio favorito.  Es curioso, cuando sueño casi siempre camino por una calle colonial", -¿en La Habana, Querétaro, Santiago?-, nunca recuerda.  Para Berovides la memoria suele ser ese caleidoscopio tierno que de pronto lo pone frente a sí, sentado en el contén de aquel barrio santiaguero, donde creció y aprendió a soñar con la ciencia, la universidad y el magisterio.

[Img #5461]    "Antes del triunfo de la Revolución, mi familia era muy pobre.  Mi padre trabajaba a encargo para la cervecería La Polar y siempre me preocupó su afán por ahorrar cada centavo para darnos de comer en 'tiempo muerto'.  Pero, mi optimismo por la biología era innato, venía en el cableado de mi cerebro.  Los días de reyes, mientras los demás niños pedían revólveres para jugar a la guerra, yo pedía granjitas para criar ganado.

    "Creo que mis padres me complacieron demasiado.  Muchas veces los vi llegar con un osito que rugía o un libro para colorear animales.  En navidades yo era el encargado de las figuritas para los nacimientos.  Hasta que un día descubrí cómo la clorofila no se disolvía en agua, pero sí en alcohol.  Y claro, quedé deslumbrado por los experimentos.

    "Si una cosa me decidió por la ciencia fue el peso de las evidencias contra las metáforas de la fe.  Al mismo tiempo, no tenía ni idea de cómo se llamaba aquella disciplina que estudiaba la naturaleza.  Me sucedió, quizá como a aquellos naturalistas del siglo XIX, incluyendo a Darwin: fue sencillamente por afición que me acerqué a la biología, sin imaginar siquiera que ese conocimiento podía analizarse, sistematizarse, evaluarse.

    "Claro, leía y guardaba todo cuanto caía en mis manos acerca de animales, naturalistas y viajes.  Incluso me dio por colectar miles de noticias sobre aquel mundo que, para mí, comenzó a representar la liberación humana.

    "Entonces, 1970, fue un año extraordinario.  No solo me titulé en la carrera de Biología, sino también gané un puesto como profesor en la Universidad de La Habana, donde había estudiado, porque la especialidad no se impartía en Oriente.

    "Sin embargo, estaba insatisfecho.  No me gustaban los libros de evolución, porque aparte de ser una mera caricatura del proceso, estaban plagados de mariposas inglesas y pececitos africanos.  Mi pregunta era por qué no hablar de nuestras especies".  Así comenzó la prehistoria de Biología evolutiva, un texto vigente en las universidades cubanas y uno de sus mayores orgullos, estima.  "Aunque debería ser actualizado".

     Cuba no es una fría estampa.  De la Isla le impresiona todo: desde la estética de la campiña hasta la belleza de sus almas.  "Eso por no hablar de sus mujeres -dice en tono de chanza-, un producto genuino de la evolución positiva.  Para mí, las personas más bellas de este país están en sus campos.  ¡Cómo saben cosas!  Claro, no tienen fundamento científico, pero eso no tiene importancia cuando un guajiro te dice con una solemnidad tremenda: 'Mire, profesor, por aquí pasó la 'Madre de agua con alas' rumbo al mar'.  Esto es, en la imaginería popular, un majá hembra gigantesco que cuando envejece le salen alas, como ¡un dragón!".

    Lo "real maravilloso", asegura, palpita en esa sabrosa naturalidad y nobleza campesina, gracias a las cuales es doctor en ciencias.  "Jamás olvidaré a aquella pareja de ancianitos guantanameros que, allá por los años 80, me abrió las puertas de su bohío en Maisí para estudiar polimitas.  Entonces, comprendí que aquellos ojos siempre serían relevantes para la ciencia, y que, por tanto, mi segundo magisterio sería enseñarles esas otras miradas a la naturaleza".

    Al cuidado de la biodiversidad ha dedicado todas sus fuerzas.  "¡Pero falta un mundo!", sospecha, todavía crispado con el derroche de esos seminarios, talleres, y charlas "que usted ve pulular como insectos, sin un solo resultado concreto.

    "El problema ambiental en Cuba tiene aristas económicas, políticas, culturales, sociales… La parte de educación ambiental, por ejemplo, está muy bien organizada estructuralmente.  Pero ¿quién garantiza que el producto sea el mejor?  Falta algo, y esto es un tejido social que haga fructificar la semilla.

    "Hay una sensibilidad ganada, nadie lo duda.  Incluso existen proyectos de educación ambiental para niños que son bellísimas iniciativas.  Pero, me molesté un día en hablar con un promotor que al cabo del tiempo quiso conocer el impacto de uno de estos talleres en muchachos ya jóvenes.  El resultado fue doloroso, porque apenas recordaban la experiencia.

   "Sucede que a veces todo es muy esquemático.  Pero, cumplir un objetivo es mucho más que unas cuantas conferencias.  Y cambiar esquemas culturales no se logra formando papagayos.  Lo mejor sería asegurarnos de dejar una huella en las conciencias".


Por la acera de Cuba

    Las series Cosmos y El hombre y la Tierra; las papas fritas y el picadillo; El origen de
[Img #5462]las especies y las gretas... ¿Qué más le hace suspirar?  Piensa.  "A mí me gusta todo el conocimiento"; y también ese camino fluvial de las ideas cuando las dudas zarandean su cabeza.  Hace una mueca, enreda los brazos, y hechiza esa presencia, cuya fuerza centrífuga arrastra a los aplausos.

    Su casa de contornos diminutos sorprende por la frugalidad del espacio.  "Mi computadora es del Paleoceno", se burla, mientras da la bienvenida a su "caverna" que visualiza como un parque jurásico.  Los libros yacen en orden.  Y por las uniformes carrileras del polvo se deduce que es un ser en extremo meticuloso, cuya existencia -él mismo no se cansa de decirlo- "recuerda la de aquellos naturalistas antiguos".

    Ahora lee y también escribe sobre el problema de los sexos.  "No los actuales" -aclara sibilino-, sino aquellos heredados de monos y mamíferos, frente a los cuales, por cierto, ha pasado muchas horas en silencio.

    "Chimpancés, babuinos, gibones…, todos son animales fascinantes", comenta.  "Tengo muchísima información acerca de la semejanza genética entre chimpancés y humanos.  Pero, ¿dónde está la clave?  En los genes del cerebro.  Lógico, porque carecen de aquello que sí tenemos nosotros: la autoconciencia.

   "Mira, me encanta la Historia de Cuba, y a cada rato me veo al espejo y recuerdo las escenas de aquel mes que pasé indignado cuando supe que los yanquis nos habían arrebatado la independencia.

    Soy cubano devoto, de los que se quedaron para siempre.  ¡Y mira qué he viajado!  Pero qué va, no es lo mismo.  No me acostumbro a salir por esas calles del mundo donde todo lo bello es al mismo tiempo extraño, y donde la gente no se enreda en situaciones colectivas como si fueran tus amigos de toda la vida".

    Hace galopar los dedos, y mira con esa expresión de sabio que retrata la humanidad de este ¿samaritano?  "¡Acabáramos!  Tengo ese ángel, y no voy a negarlo, me encanta.  Es algo innato.  Creo que justamente el rasgo humano fundamental es la sociabilidad.  Que no es solo la capacidad de relacionarse con mucha gente, sino también la de cooperar.

    "En teoría, soy un Homo sapiens bastante evolucionado, porque he logrado que mi neocórtex controle los bajos instintos propios de los reptiles.  Pienso que en el futuro realmente lograremos ser mejores seres humanos, en el sentido de vivir no solo para nosotros mismos, sino también para los demás.  Porque ¿cuánto tiempo llevamos como especie humana?  ¿200 mil o más años?  Solo el uno por ciento o menos los hemos vivido como personas civilizadas.  Entonces no hay que alarmarse demasiado: nos falta muchísimo por evolucionar".



(*) Vicente Berovides es Doctor en Ciencias Biológicas, y profesor titular de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. Pertenece a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, ha sido maestro internacionalista, y por su contribución a la ciencia ostenta las medallas Felipe Poey (Sociedad Económica Amigos del País) y y Carlos J. Finlay (Consejo de Estado de la República de Cuba).



[Img #5457] (**) Daymaris Martínez Rubio es una periodista científica licenciada en la Universidad de La Habana. Forma parte de la redacción de "Juventud Técnica",  revista científico-popular que fundamenta su labor en los principios del periodismo científico y que está dirigida a los jóvenes,  aunque goza de la preferencia de un público mucho más amplio. En el presente año 2012 obtuvo el premio nacional de Cuba al periodismo científico "Gilberto Caballero".  Como colaboradora de Canarias Semanal es responsable, junto a la también periodista científica Flor de Paz de Lázaro Cubillas, de la sección Tribuna de la Ciencia.

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2 Comentarios
Fecha: Miércoles, 17 de julio de 2013 a las 16:58
Pedro Jesús
Para empezar este señor ya tacha de fanático al que no esté de acuerdo con su teoría. Los monos o simios siguen engendrando monos o simios y las mujeres y hombres siguen engendrando hombres y mujeres o sea seres humanos; con una gran diferencia de los primeros: El Alma. Cuando era joven recuerdo que mi cuñada, trajo a la casa de mis padres un libro titulado << la teoría de la evolución de Darwin>>, ¡ bah! ni caso, no lo leí. La verdad es que sólo me he leído la biblia ( versión católica) para ver todos sus errores y contradicciones. En los libros no está la razón del mundo, ni en los escritos ni en los que están sin escribir. La biología es una ciencia que por lo que intuyo va despegando al ser humano de La Vida Inmortal que le aguarda. Y el rasgo fundamental de las personas es su capacidad para decidir y organizarse. Anteponiendo a estos dos el afecto y comprensión humanos. Quede claro una vez más que yo y mis mejores amigos-as de religiones, sectas o cualquier sucedáneo inventado o por inventar nada de nada. Lo tenemos segurísimo: Diosa Mujer- Dios Hombre. Así es.
Fecha: Sábado, 8 de septiembre de 2012 a las 20:26
Reinaldo Rojas
Excelente reportaje al querido y único, el prof. Berovides, un homenaje a los muchos científicos cubanos que han dado tanto por la ciencia de nuestro país. Gracias!

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