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Jueves, 1 de octubre de 2015
"El Capital, como fuerza social, no puede ser controlado"

¿Qué hay detrás del gran fraude de Volkswagen?

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    Por JUAN ANDRÉS PÉREZ RODRÍGUEZ / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-    El último gran escándalo corporativo, que protagoniza la multinacional alemana Volkswagen, pone en evidencia una regularidad categórica que se repite  en el capitalismo: que los fraudes corporativos son una tendencia irrefrenable de las empresas en este sistema económico,  y que forma parte parte de sus  prácticas competitivas para tratar de burlar la normativa con la que, inútilmente, se intenta  garantizar la apariencia de legalidad y la llamada "ética empresarial".

 

 

 

   La búsqueda constante de ventajas competitivas tiene lugar dentro de un escenario cuyo control real se encuentra muy lejos del alcance estrecho de las legislaciones de los estados nación. Por eso, precisamente, no es controlable.

 

 

 

 

   Por lo tanto, a diferencia de lo que se trata de imponer como lógica en estos casos, el problema no es el el caso puntual de unas pocas "manzanas podridas", sino que por el contrario  es la resultante directa del carácter caótico de un sistema “racionalmente” irracional. Las empresas, básicamente, se han apoderado del gobierno

 

 

 

   No es un problema de controles porque, sencillamente, el capital como fuerza social que es no puede ser controlado, atado o regulado. Los gigantes empresariales manejan a las grandes firmas de auditoría que garantizan la supuesta veracidad de la información, del tipo que sea, dentro de las empresas auditadas. Prueba de ello es que muy pocas veces han detectado escándalos y cuando lo ha hecho, no los ha podido divulgar, porque no se encuentra  dentro  del ambito estricto de sus atribuciones.

 

 

 

   Pero en el “libre mercado” las empresas no pueden funcionar de manera “autorregulada” sin contar con el poder político y, en última instancia, con el poder militar.

 

 

    La manipulación, el ocultamiento y la adulteración de las cifras, como ha sucedido en este caso,  imponen su sello a la información “real y veraz” o “correcta y adecuada”, para fabricar otra información diferente que convenga mejor a los intereses empresariales.

 

 

    Si ir más lejos, un caso muy similar al de Volkswagen ocurrió en los EEUU en 1997, cuando la automovilística  Ford fue “sorprendida” montado un "dispositivo de desactivación" ilegal en sus motores. Otro escándalo fue el de sus homologas Hyundai y Kia que  fueron multadas por amañar sus pruebas.

 

 

 

   ¿Cómo entender el más reciente fraude de la firma de automóviles alemana Volkswagen?

 

 

   El control de las emisiones en Europa ha sido benévolo con el diesel a pesar de que los motores que funcionan  con este combustible son más sucios que los de gasolina. Ahí están las ventajosas normas medioambientales en términos de emisiones de carbono.

 

 

   Como no podía ser de otra manera, los problemas de Volkswagen son, en buena medida, el resultado de un intento por superar a Toyota en las ventas de automóviles, donde el fabricante japonés ocupa el primer lugar en el mundo.

 

 

   Lo del fraude de Volkswagen en Estados Unidos no significa apenas nada  si se constata un hecho en el que todos los analistas coinciden: que la empresa alemana burló los controles de emisiones en Europa con un viejo truco, modificando los motores de las pruebas que no serían los que luego montaría en sus cadenas de montaje.

 

   

 

      No hay que ser muy perspicaz para  apercibirse de que para tener éxito en este tipo estafas resulta imprescindible una perfecta red de nexos corporativos y políticos.

 

 

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1 Comentario
Fecha: Viernes, 9 de octubre de 2015 a las 16:04
Lobezno
Completamente de acuerdo con lo expuesto; para que este tipo de cosas suceda, es necesario la colaboración, por acción u omisión, de los responsables políticos, inducidos por las promesas de los denominados lobies (lobos) que a cambio de una gran mordida del dominador mercantilista de turno, logran que se haga posible lo ilegítimo. Verdaderos magos de bombín y chistera, ni el gran Hudini lo hubiera hecho mejor.

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