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Jueves, 24 de septiembre de 2015
El campo de Mauthausen fotograma a fotograma

FRANCISCO BOIX: EL JOVEN QUE RETRATÓ EL ROSTRO DEL GENOCIDIO (VIDEO)

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     El famoso campo de concentración de Mauthausen fue fundado en 1938. Para su construcción se utilizó mano de obra de presos traídos de otro campo de concentración, Dachau.

 

     

     Por ese infierno pasaron nada menos que más de 200.000 personas de distintas nacionalidades. La mitad de ellos murieron víctimas de las cámaras de gas,  de las inyecciones letales, de los fusilamientos, así como victimas del suicidio liberador.

 

 

 

       El campo de Mauthausen, fue elegido por Hitler y Himmler, de acuerdo con Francisco Franco y su cuñado Serrano Suñer, para la reclusión y exterminio de los españoles comunistas y republicanos. De los casi 9.000 españoles que estuvieron  prisioneros en ese campo de exterminio, unos 6.000 murieron de hambre, agotamiento, frío y distintas enfermedades entre otras formas de muerte. Los prisioneros españoles que eran sacados del campo jamás regresaban. Los que morían en el campo, desaparecían transformados en humo y cenizas en los hornos crematorios.

 

 

 

       Francisco Boix era un joven español, de militancia comunista, que sentía una profunda pasión por la fotografía desde muy temprana edad. En 1936, siendo todavía un adolescente de 16 años, estalla la guerra. A esa edad ya publicaba sus fotografías en el periódico de las Juventudes Comunistas “Juliol”.

 

 

 

        En 1939 debió exiliarse en Francia al igual que otros tantos españoles que fueron expulsados por el avance de los ejércitos de Franco. Deambuló durante algún tiempo por los campos de refugiados hasta que en el mes de septiembre viajó a la región de Vosges, en el norte de Francia. Pero en el mes de mayo los alemanes habían invadido el territorio francés - 1940 - y fue apresado. El 27 de de enero de 1941 lo enviaron a Mauthausen, donde pasó los siguientes 4 años.

 

 

 

   Desde el comienzo de 1940, y muy especialmente en el mes de agosto,  los barracones de Mauthausen habían comenzado a ser llenados con los españoles republicanos que permanecían hasta entonces desperdigados por el resto de la Europa  bajo dominio del III Reich.

 

 

 

       Dentro de aquel infierno, el joven Boix   encontró, gracias a su profesión de fotógrafo,   una ocupación relativamente “privilegiada”, al igual que algunos de sus camaradas. En 1940 funcionaba en el campo un servicio fotográfico dedicado a realizar retratos policiales de identificación de los prisioneros -Erkennungsdienst -,  así como documentar la vida diaria en el campo de concentración.

 


 

       Boix fue destinado a ese lugar como ayudante, junto a otros prisioneros de distintas nacionalidades. Por esa razón se encontraron de alguna manera en una situación de cierto privilegio y algo mejor que  los otros prisioneros. Esa relativa “libertad” de que disponían les permitió realizar ciertas actividades clandestinas. Boix había sido incluido como ayudante de Antonio García, otro fotógrafo español al que no le daba descanso en su trabajo de registrar y revelar materiales que debían ser enviados a Berlin.

 

 

 

       Junto a un grupo de prisioneros camaradas del Partido Comunista se combinaron para esconder los negativos y sacarlos fuera del campo. Un puñado de hombres que trabajaban diariamente en una empresa nazificada fuera del campo, a los que llamaban “pochacas” debido a que el nombre de la empresa se pronunciaba así, consiguieron que Anna Pointer, una mujer de nacionalidad austriaca que concurría también a la fabrica aceptara esconder los negativos en una pared de piedra que rodeaba el edificio.

 

 

 

        Al acercarse el final de la guerra los nazis intentaron eliminar cualquier elemento que fuera o pudiera ser una prueba de aquella siniestra carnicería, por lo que quisieron deshacerse del material fotográfico  acumulado durante los años que funcionó el campo de concentración. El 3 de mayo una patrulla de explortación estadounidense hizo un acercamiento. Los SS apresuraron el trabajo de destrucción de toda  documentación posible que sirviera de prueba de sus atrocidades. Dejaron el campo en manos de un supuesto grupo de policías y bomberos austríacos, pero los prisioneros españoles ya tenían bajo su control todas las instalaciones y barracones de Mauthausen.

 

 

 

     El 5 de mayo de 1945, el campo fue tomado definitivamente por los aliados. Francisco Boix ejerció entonces plena y libremente su oficio. Todas las tomas de los primeros momentos de la liberación de Mauthausen fueron efectuadas por él. La memorable foto que muestra la gran pancarta de bienvenida desplegada por los republicanos del Partido Comunista español es una de sus inmortales fotografías. Boix se mantuvo en el campo hasta los primeros días de junio, luego viajó hacia Francia, en París pasaría el resto de su vida.

 

 

 

 

         De los casi 9.000 prisioneros españoles de Mauthausen, solamente sobrevivieron unos 2.700, entre ellos Francisco Boix. Luego de su liberación las fotografías recorrieron el mundo, siendo un sorprendente testimonio del horror y las atrocidades del infierno nazi de Mauthausen. Pero el trabajo de Boix no terminó, creó un equipo con sus ex camaradas para ordenar la documentación rescatada y así poder identificar el mayor número posible de muertos que luego pondrían en manos de la Cruz Roja y organismos internacionales den Ginebra, que luego servirían como prueba concreta del genocidio nazi en el campo de concentración.

 

 

 

        En 1946 Boix declaró como testigo en los juicios contra los criminales de las SS en Nuremberg y Dachau. Jamás se imaginaron los jerarcas alemanes de las SS que existiía tan voluminosa e impresionante documentación gráfica como prueba en su contra, guardado celosmente por el fotógrafo español durante años y ayudado por sus valientes camaradas republicanos. Fue la mayor prueba gráfica de las genocidas actividades desarrolladas por los seguidores de Adolf Hitler y bajo su mandato. En esas tomas quedaron al descubierto los rostros de criminales como, Himmler, Ziereis, Kaltenbrunner y otros.

 

 

 

         Los jerarcas quedaron tan sorprendidos que Kaltenbrunner llegó a gritar enfurecido durante el juicio: ”¡¡ Son falsas !!” . Argumentó que existían técnicas para trucar fotografías, pretexto que como es natural fue deshechado por el tribunal.

 

 

        Francisco Boix había nacido en Barcelona en el año 1920. A su salida de Mauthausen era todavÍa un hombre muy joven. Pero los daños causados por la reclusión en Mauthausen le dejaron secuelas irreversibles. La descripciones que hacen de él sus camaradas, hablan de la fortaleza ideológica de aquel catalán: “Era un muchacho con una enorme vitalidad… de una alegría infecciosa, de una simpatía y vehemencia incontenible. Tenia un coraje probado y un optimismo sin ninguna  fisura ”

 

 

        En 1951, cinco años después de testificar en los juicios de Nuremberg y Dachau, falleció en Francia, cuando apenas  contaba con 30 años de edad. Fue enterrado en el cementerio de Thiais, al sur de París.

 

 

Luego de su muerte su nombre fue olvidado. Pero de acuerdo a ciertos datos,un número reducido de camaradas de Mauthausen le recordaron, manteniendo limpia su lápida (2001).

 

 

 

 

 

VIDEO

 

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