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Lunes, 27 de julio de 2015
"El maltrato se debe entender en el marco de la ideología de poder que impera en el capitalismo"

MALTRATO INSTITUCIONAL A LA INFANCIA: UNA EXPLICACIÓN CONTEXTUALIZADA

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     Por CRISTINO JOSÉ GÓMEZ NARANJO (*) / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-   Si hablamos de  maltrato a la infancia en los diversos contextos en la que ésta se desarrolla y crece,  el familiar, escolar, vecinal, etc., tendríamos que contemplar a la vez que considerar el macrosistema (el estado) social y cultural en el que el niño y la niña, así como también sus referentes familiares y educativos,  se nutren y mantienen.
 

 

 

 

   Nadie crece y se sustenta tanto a nivel individual como relacional, en un vacío. Más bien resulta ser al contrario. Los humanos crecemos dentro de procesos de alteridad y relaciones en las que nos confirman y en las que confirmamos. Para llegar a ser persona, tiene que haber otros que digan “sí” o bien “no” a nuestra forma y modo de presentarnos en sociedad.
 

 

 

   Así,  limitar el maltrato a la infancia exclusivamente al espacio en el que ésta se produce, sin contemplar el marco y sustrato cultural que nutre, sustenta y apoya tanto a las personas como a los sistemas en los que los seres humanos nos desarrollamos, es como desenfocar, desvirtuar y trivializar el fenómeno del maltrato infantil.
 

 

 

 

   Todo cuadro tiene un marco que lo sustenta y acoge. Del mismo modo, todo humano y sus colectividades cuentan con un marco social e ideológico que los encuadra y, consecuentemente, da sentido y significado a sus vidas. Por lo tanto, intentar  explicar y considerar cualquier acción humana fuera de ese marco sería como tomar café sin cafeína. Es decir, retirarle fuerza y poder  a los humanos y sus vidas.
 

 

 

 

"Limitar el maltrato a la infancia exclusivamente al espacio en el que ésta se produce, sin contemplar el marco y sustrato cultural, supone desenfocardesvirtuar y trivializar el fenómeno"

 

 

 

 

   Hablando pues, de la infancia que vive y habita en nuestra cultura occidental, y del fenómeno de la violencia y maltrato infantil que se desarrolla en la misma. Este se describe, se narra y se explica bajo el prisma, óptica y sistema de creencias del marco instrumental y de la ideología de poder sexista y machista que controla e impera en nuestro mundo capitalista. Una visión restrictiva y manipuladora de la realidad, puesto que en ella  no se contempla la rica y plural diversidad del mundo infantil, del mundo femenino y del mundo de la ancianidad.
 

 

 

 

 

   En esta cultura, todo lo relacionado con la infancia es explicado y censurado en la clave sexista del poder machista que practica y ejerce un egocentrismo explicativo sobre el fenómeno de la infancia. Ello conlleva que todo lo que se diga sobre infancia es esencialmente incorrecto o como mínimo  incompleto, pues solo refleja los valores y criterios del sistema de creencias minoritario; careciendo de rigor y valor científico todo lo descrito con tal criterio.
 

 

 

 

 

   Desde la perspectiva social, por lo menos en nuestra cultura y en nuestras sociedades, lo que se realiza y lleva a cabo en relación al maltrato a la infancia va claramente en contra de lo que los estudios e investigaciones psicológicas sobre la violencia y maltrato infantil indican.
 

 

 

 

 

 

   Baste decir, que la inmensa mayoría de las investigaciones sobre maltrato infantil indican que cuando los niños narran y cuentan experiencias y relatos de violencia, el 92% de  dichos relatos son ciertos y verídicos en cuanto al contenido por el niño descrito, y que el 8% restante de los relatos son influenciados por el interés adulto que manipula al niño.

 

 

 

 

 

   Tanto la investigación como los estudios sobre psicología infantil, indican y van por los derroteros de que el niño, al menos hasta que alcance la adolescencia, no tiene desarrollada la noción y el concepto de mentira, lo que equivale a lo mismo que decir, que los niños no mienten. Pero sí que necesitan y precisan del amor de los adultos, y los adultos manipulan dicha necesidad infantil en su beneficio particular. La mentira tal y como la conocemos surge en la adolescencia con la estructura y el mecanismo del “Ego” (que es la cultura.)
 

 

 

 

 

  "Si queremos romper las cadenas del maltrato infantil, así como a la transmisión trigeneracional y cultural de la violencia para con la población infantil, hemos de romper con los cinismos de lo políticamente correcto que este sistema produce e inculca"

 

 

 

 

   Las investigaciones señalan con claridad que más de la mitad del maltrato a  la infancia (80%) es ejercido por adultos que tienen y mantienen vínculos emocionales con el niño; sean estos en la familia o en el sistema educativo o en el sistema en el que el niño realiza actividades de ocio. La violencia ejercida por adultos ajenos y desconocidos hacia el niño es mínima.
 

 

 

 

 

   El marco y contexto jurídico español contempla la expresión de “abuso consentido”, o el de “relaciones consentidas”, en el límite de los trece  o catorce años. Paradoja socio-jurídica inadmisible, pues nadie en su sano juicio consiente abusos y agresiones sobre su persona. Solamente un 2% de los casos denunciados de maltrato infantil llegan a  juicio.
 

 

 

 

 

   La sociedad capitalista en sus manifestaciones sociales, tanto jurídica como educativa, sanitaria, servicios sociales, etc., dicen: “denuncia el maltrato infantil”, y luego la práctica se encarga de poner trabas y llegar a la profundidad y verdad de tales malos tratos. Tal vez todo ello se deba a que aún, al menos en el nivel implícito, permanecemos enganchados a valores sexistas de poder y control que juegan a defender a los más vulnerables pero que de hecho  no son más que eso, un juego que los deja aturdidos en su desesperanza, ante el abandono social a su dolor y sufrimiento.
 

 

 

 

   En cuanto al maltrato infantil, las piezas del rompecabezas, así como los datos, indican que se debe armar y estructurar en una dirección. No obstante, la opción social ha ido de espaldas a la realidad infantil del maltrato. Tiende a no creerse al niño, y ello a pesar de que diga la verdad.
 

 

 

 

 

   Si queremos romper las cadenas del maltrato infantil, así como a la transmisión trigeneracional y cultural de la violencia para con la población infantil, hemos de romper con los cinismos de lo políticamente correcto que este sistema produce e inculca y, que dejan al niño sin reconocimiento social sobre su experiencia vital de maltrato.

 

 

 

 

   Y ya se sabe que en el contexto social de lo “que no se habla no existe”,  a pesar de que haya sucedido.
 

 

 

 

   Toda sociedad que no protege y cuida a las personas más vulnerables y necesitadas, debe revisarse como tal sociedad, ya que el auténtico sentido cultural de los grupos humanos debería ser acoger a todos los miembros que integran tal grupo o colectividad.

 

 

 

 

  La cultura y sus valores no consisten en negar y distorsionar, pues el verdadero sentido humano, que niega el capitalismo, radica en acoger al vulnerable e indefenso. Solo de ese modo y manera una sociedad puede ser justa y ecuánime.

 

 

 

 

[Img #39557]     (*) Cristino José  Gómez Naranjo. Psicólogo y Terapeuta Familiar con una experiencia de treinta años en el trabajo en Servicios  Sociales de atención a la infancia y la familia. Ha publicado diversos artículos en la Revista de la Federación Española de Asociaciones de Terapia  Familiar, ha participado en congresos y jornadas a nivel autonómico y estatal sobre infancia e impartido formación a trabajadores sociales, educadores y psicólogos de la red municipal de Las Palmas de G.C. de los equipos de intervencion familiar.

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