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Viernes, 22 de mayo de 2015
La lógica del beneficio contra la salud pública

¿Por qué se producen y consumen legalmente alimentos cancerígenos?

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   Por JUAN ANDRÉS PÉREZ RODRÍGUEZ / CANARIAS-SEMANAL.ORG.-  El capitalismo no es un sistema de contradicciones aisladas e inconexas. Es una contradicción en sí mismo. Impuesto al mundo mediante una combinación de  “seducción” y fuerza bruta, ha convertido la irracionalidad de su lógica en un racional sentido común muy alejado del buen sentido.

 

 

   La irracionalidad a la que nos referimos es cotidiana y tangible. Basten, a título de ejemplo, las noticias reflejadas en estos dos titulares:

 

 

   “Científicos confirman que refrescos son cancerígenos” (Medicinas Naturales.)

 

 

   “Coca-Cola usa en España un edulcorante prohibido en Estados Unidos” (El economista digital.)

 

 

 

   El problema, como en tantos otros casos, es si resulta “rentable” desde el punto de vista capitalista producirlos como se hizo en el pasado, con sustancias seguras.  

 

 

 

   Este cálculo es el que explica que los científicos se encuentren con ingredientes en los refrescos que no deberían contener, si no fuera por cuestiones de imagen y mercadotecnia.

 

 

 

    La primera noticia, más reciente, se refiere a un aditivo incluido en estas bebidas en elevadas cantidades. Se trata de uno de los colorantes que se utilizan en la fabricación de los refrescos: el 4-MEI.

 

 

 

   Tras el atractivo color que aporta a la bebida se esconden ciertos peligros que  -según los estudios científicos- relacionan este aditivo con el desarrollo del cáncer.

 

 

 

   Las normas, de acuerdo a lo publicado en la web medicinasnaturales.net, establecen que los refrescos no deben contener más de 29 microgramos de 4-MEI por lata, pero las pruebas efectuadas muestran que los valores de químico superan lo que la norma permite.

 

 

 

   Las latas de Pepsi light, por ejemplo, contienen 174,4 microgramos, mientras que en la Pepsi One el contenido del aditivo se eleva hasta los 195,3 microgramos.

 

 

 

  Las consecuencias para las empresas de esta vulneración de lo establecido por las autoridades sanitarias no pasan de ser anecdóticas y su respuesta se centra siempre en “devolver la confianza a los consumidores” con renovados “compromisos con la salud de sus clientes”.

 

 

 

  Por eso Nestlé aseguró que trabajaba para abolir el uso de colorantes y sabores artificiales en los productos que venden en los EE.UU. 

 

 

 

  Frente a estas “novedades” los Estados reaccionan, invariablemente, con una legislación que libera a la empresa de la responsabilidad, trasladándola al consumidor.  

 

 

 

  La ley aprobada sobre este particular por  el estado California es un claro ejemplo de ello. La norma exige a los fabricantes que las etiquetas informen a los consumidores de la presencia de demasiados productos químicos cancerígenos en los refrescos.

 

 

 

   “No hay razón -opina el toxicólogo Urvashi Rangan- para que los consumidores tengan que estar expuestos a un riesgo evitable e innecesario que puede derivarse de los colorantes incluidos en la comida”.

 

 

 

   Pero este no es un problema nuevo. En 2013 supimos que Coca Cola Cero, fabricada en España, empleaba un edulcorante prohibido en Estados Unidos y otros muchos países. Se trata del ciclamato, vetado desde 1969 por sus posibles efectos cancerígenos. Un estudio encontró una relación entre los tumores de vejiga en ratas y un consumo muy elevado de ciclamato.

 

 

 

  El caso es que el ciclamato es mucho más barato que la mayoría de los edulcorantes de la industria de alimentos y es, además, hasta 50 veces más dulce que el azúcar.

 

 

 

   Coca-Cola no especifica la cantidad contenida en cada recipiente donde vende la bebida, si bien  éste es el tercer mayor ingrediente del refresco; solo superado por el agua carbonatada y otro aditivo, el colorante E-150d.

 

 

 

  Como vemos, estos son problemas recurrentes, porque no tienen solución dentro de la lógica perversa del beneficio.

 

 

 

  La cuestión es, entonces, ¿dónde está el “capitalismo ético” capaz, supuestamente, de resolver estos “fallos del sistema” que tantas vidas se cobran cada año en todo el mundo?

 

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