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Domingo, 19 de abril de 2015

Obama: a lo dicho, pecho

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    El Presidente Obama acaba de manifestar en la Cumbre de las Américas que la época de las injerencias en los asuntos internos de Latinoamérica ha pasado.

 

 

   Sus declaraciones son bienvenidas, aunque se contradicen con las expresadas por la subsecretaria de relaciones exteriores para América Latina, Roberta Jacobson, en su primera visita a la Isla luego que se anunciara por la presidencia de ambos países, la disposición de establecer relaciones diplomáticas.

 

 

    En esa ocasión la Secretaria Jacobson dijo que la decisión diplomática de su país no significaba un cambio en los objetivos que Estados Unidos ha tenido con Cuba durante 56 años, desde que comenzara el proceso revolucionario en la Isla.

 

 

    En política esas cosas suceden y donde dijeron Digo luego dicen que fue Diego y cambian el sentido de lo expresado.

 

 

    Rectificar es de sabios.  No importa si lo dicho por la señora Jacobson fue cierto o no, si quería decir lo que dijo o quería complacer a los pequeños sectores de origen cubano que en Miami lloran penas, para calmarles la rabieta causada por la nueva noticia.

 

 

   Este sector tiene una profunda inmadurez para reconocer las realidades de los tiempos.  Entre otros tormentos, no aceptan que perdieron la batalla en contra del proceso cubano y su complicidad para que en su momento, este no derivase por el camino evolutivo que hubiese podido ser.  Le temieron demasiado al Norte, se confiaron en él, se convirtieron en sus sirvientes y arrastran ahora el bochorno de ser empleados de un tercero, cuando podrían haber sido quizás, protagonistas en el destino de su tierra junto a los suyos.

 

 

   Pero lo importante es lo dicho por el Presidente Obama.  De resultar cierto sería su mayor legado en política internacional.  La no injerencia en los asuntos internos del Hemisferio Sur y el Caribe, es más importante aún que el restablecimiento de relaciones con Cuba.

 

 

   Los únicos que no están de acuerdo con esto son un pequeño grupo de gente que se autoproclama opositor del gobierno cubano, a quienes se les acabaría la mamadera y sus fuentes de ingreso.

 

 

   Esta gente estuvo en la Cumbre disfrazada de sociedad civil.  Un término vago y abstracto que necesariamente está imbricado a la forma de Estado predominante, pero no es Estado, ni gobierno, ni partido político.  Definir esto es una tarea pendiente del Estado cubano y del gobierno que, una vez resuelta, evitará escenarios como los creados en Panamá, donde la actitud asumida por instituciones que, de organismos de masa, han sido rebautizados como sociedad civil, enfrentaron a un grupo insignificante, sin ningún peso en la vida nacional cubana, introducidos injustificadamente en dicho evento, cubriéndolos de una importancia que no tienen.

 

 

   Por suerte, la prensa internacional guiada siempre por las señas de Washington, no le dio cobertura a estos hechos.  Felizmente no lo hicieron, porque fue algo patético, al margen que antiguos pensamientos de unas y otras tendencias, llevados por la nostalgia, se hayan emocionado con las imágenes televisivas.  Definitivamente faltó la ecuanimidad, pero sólo fue cubierto por la prensa de Miami y el aledaño Condado de Broward.

 

 

   En Cuba queda mucho por hacer para poner sobre sus pies la sociedad civil que ha surgido, luego de cincuenta años de prácticas sociales, al margen de errores y beneficios.  Pero no podrá hacerse hasta que no sean delimitadas las funciones del Estado, el gobierno, las entidades públicas (estatales y privadas), las gestiones empresariales, las sociales y las políticas.  Esta última debe valorar profundamente la función del Partido, si es que insisten en esa figura política, respecto a las gestiones administrativas y ejecutivas de gobierno y de Estado.  Es importante definir la asociación voluntaria de personas, las cuales no podrán ser como en los países donde el dinero y el capital deciden las políticas, pero deberán existir y para ser efectivas requerirán de la suficiente flexibilidad, de lo contrario quedarían sujetas a criterios unánimes que disolverían su capacidad actuante.

 

 

   Esperemos que las palabras de Obama se cumplan y que Cuba continúe con su proceso de reordenamiento, allanando el camino hacia un socialismo que puede ser ejemplar.

 

 

   Parodiando, podríamos decir: Presidente Obama, a lo dicho, pecho.

 

   Así lo veo y así lo digo.

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