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Lunes, 15 de septiembre de 2014
A propósito de una reunión fortuita

Simbología de un encuentro: Felipe VI y Ana Patricia Botín, dos vidas paralelas

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   Por MANUEL MEDINA / CANARIAS SEMANAL .-  Ningún refrán encajaría mejor en el fortuito encuentro entre el rey Felipe VI y la heredera de Emilio Botín, que aquel de "A rey muerto, rey puesto". En efecto todavía con el cadáver tibio de don Emilio, tan solo 48 horas después de su muerte, una Patricia Botín sonriente  tuvo a bien entrevistarse con el heredero del heredero del autócrata Francisco Franco. 

 

 

 

       La significación del encuentro no deja de tener  un paralelismo  agriamente simbólico. La saga Botín acumuló su fortuna a lo largo de los 40 años de dictadura. Es hoy una indubitable verdad histórica  que el levantamiento de los militares en 1936 tuvo lugar para preservar el poder de los  banqueros como su padre, de los terratenientes, de los grandes industriales y, también, para asegurar la continuidad de la maltrecha dinastía de los Borbones. La cruzada bélica consistió, sobre todo, en un cruel y sangriento gesto de  autoconservación de las clases poderosas españolas.  Había que impedir  que las masas desheredadas a lo largo de siglos pudieran alejar con sus luchas a estas élites sociales  del control de los resortes del poder económico y político. En aquella sangrienta contienda centenares de miles de los de abajo - de un bando y de otro - fueron sacrificados para hacer posible la perpetuación del dominio de una clase social sobre  las restantes. Esa es la realidad del contenido de aquella factura histórica.

 

 

 

  VIDAS PARALELAS

 

 

        A lo largo de  las cuatro décadas que duró el  poder autoritario franquista, la fortuna de la saga de los Botín, al igual que la del resto de los banqueros españoles, se vio tocada por el mágico efecto multiplicador que la existencia misma de la dictadura les proporcionaba. La  existencia de un estado autoritario posibilitaba que las grandes fortunas pudiera crecer "ad infinitum" sin réplica alguna, sin que la protesta de una sociedad famélica y maltrecha  encontrara eco en casi ninguna parte. Al fin y al cabo, ese había sido el objetivo del certero golpe contra el Frente Popular y contra  la misma República. Emilio Botín, nacido en 1934, formó parte de una generación de jóvenes vástagos de la burguesía de la posguerra  especialmente entrenada para mandar, dominar... e incrementar también sus beneficios.

 

 

 

      Durante aquellos mismos años, otro joven nacido apenas cuatro años después que Botín, pero este perteneciente a la aristocrática estirpe de los Borbones, era educado por la mano firme del dictador para que en su día pudiera estar en condiciones no ya de heredar su régimen político - que al fin y al cabo el mismo Franco consideraba como instrumental y transitorio - , sino sobre todo de garantizar a través de su persona  la continuidad de la hegemonía de las clases sociales destinadas históricamente a mandar.

 

 

 

       Desde que en el año 1948 Juan de Borbón encomendara a Franco la educación de su hijo mayor, éste fue entrenado con rigor  en el conocimiento de la estructura del Estado franquista. Durante esos años, Juan Carlos pudo establecer  las relaciones políticas, sociales y económicas que le permitirían  familiarizarse posteriormente con el entramado del poder realmente existente.  Juan Carlos y Emilio Botín fueron, pues, adiestrados para proporcionar continuidad a unas estructuras que hunden su origen en los principios de la España contemporánea.

 

 

 

      

      Patricia Botín nació en el año 1960. Felipe Borbón lo hizo ocho años después. Pertenecen también como sus respectivos progenitores a una generación similar. También como ellos han sido entrenados en lo que  comúnmente conocemos como "el arte del poder". Contrariamente a lo que muchos puedan pensar no se trata de sujetos imprescindibles para la continuidad  de la clase. Juegan la función de la  argamasa  que unifica a la élite dominante y a sus instituciones, proporcionándole una aparente coherencia a su dominio. Pero en una sociedad desarticulada como la nuestra los simbolos de  unidad no dejan de tener su peso e importancia, sobre todo cuando el resto de las clases sociales existentes carecen de él.  
 

 

 

       El año 2014 ha sido, pues, especialmente alegórico. Con la abdicación de Juan Carlos y la muerte de Emilio Botín, se cierra un ciclo genealógico. Pero hasta ahora solo genealógico.  El dominio de las clases sociales que ellos encarnaban continúa incólume. De ahí que el encuentro  entre Felipe VI y la hija de Botín  encierre toda una pedagógica lección que nadie debería olvidar. Patricia Botín nació en el año 1960.  Felipe Borbón lo hizo ocho años después.  Pertenecen también, como sus respectivos progenitores, a una generación similar.  También como ellos han sido entrenados en lo que comúnmente conocemos como "el arte del poder".

 

     Las personalidades en la Historia de la humanidad son efímeras. Juegan la función que les otorga la clase social a la que pertenecen. Cuando los avatares políticos o la  muerte les arrebatan la función que les habia sido encomendada son sustituidos automáticamente por otros personajes, entrenados igualmente para ejercer similares funciones que sus predecesores. En los cambios de ciclos genealógicos lo que perdura intacto es el poder y el dominio de la clase. Para que el hecho de liberación social se pueda producir resulta imprescindible acabar con  ese dominio y con ese poder. El resto son siempre cuestiones de carácter secundario.

 

 

 

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