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Por Orlando Ruiz Ruiz (*) - Canarias-semanal.org
Jueves, 10 de abril de 2014
"Las doctrinas que sustentaron el nacionalsocialismo alemán están vivas"

La apuesta fascista del capitalismo mundial

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Los representantes del poder capitalista mundial tratan de presentar al fascismo vestido con los ropajes de un movimiento de masas desprovisto de rasgos ideológicos, a la vez que intentan justificar sus imágenes de violencia como algo inevitable en aquellas naciones donde la población haya elegido “inadecuadamente”.

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   Las movilizaciones en Ucrania que dieron al traste con el Gobierno de Víctor Yanukóvich empezaron en su mayoría con la presencia de acciones aparentemente espontáneas, con escasa estructura organizativa; pero muy pronto la orientación estratégica de la insurrección, venida desde fuera y reforzada a través de una fuerte campaña mediática a su favor, convirtió a la revuelta en un estallido incontrolable.


    Aparecieron en la capital ucraniana estallidos violentos por doquier, se multiplicaron de la noche a la mañana los “agitadores políticos” y las estructuras insurgentes: estaban así dadas las condiciones para que Estados Unidos y varias naciones de Europa pusieran en marcha la aplicación de los conceptos de su doctrina de la Guerra no Convencional, que en uno de sus enunciados advierte que para su aplicación se requiere de una conformación previa, un ambiente que no puede ser “fabricado artificialmente o trasplantado”, sino que tiene que aparecer configurado desde dentro.

 
   Así quedaban abiertas las puertas en esta nación europea, estratégicamente situada en una de las áreas del interés expansionista de Washington, para consolidar en el poder autoridades serviles.  


    Tal como lo expresa un articulista: “La lógica de occidente hizo que el más fuerte apoyo lo recibiera el partido Svoboda, por la sencilla razón de que era el más antiruso de los grupos que existían en esas manifestaciones”.  Paradójicamente, dicha organización solo había recibido un 10% de los votos, en las últimas elecciones de Ucrania.


   Svoboda se considera orgulloso heredero de las tradiciones nacionalsocialistas y quiere purificar la sociedad ucraniana estableciendo un orden jerárquico y disciplinado, con énfasis en la masculinidad y la parafernalia militar, a tiempo que llama a la expulsión de la mafia judía moscovita, persigue violentamente a homosexuales y prohibe el aborto. Svoboda sataniza en Ucrania al Partido Comunista y persigue a sus miembros e intelectuales afines.  Los dirigentes que lo encabezan han declarado también que su propósito es eliminar más tarde a todos los partidos.


    En el año 2010, la web de esta organización indicaba: “Para crear una Ucrania libre (…) tendremos que cancelar el Parlamento y el parlamentarismo, prohibir todos los partidos políticos, estatalizar todos los medios, purgar a todo el funcionariado y ejecutar a todos los miembros de los partidos políticos antiucranianos”.  El Congreso Mundial Judío (WorldJewishCongress) declaró a Svoboda como partido neonazi en mayo del año pasado.


    La certera definición de un analista sintetiza magistralmente la realidad ucraniana del presente: “Por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, fascistas y neonazis están al mando en una nación europea.  Parece que pocos en Europa se han dado cuenta”.  


   Pero ocurre que, precisamente, en los acontecimientos que se han venido produciendo en Ucrania primero y luego también en Venezuela, los medios de comunicación occidentales se han encargado de encubrir la violencia fascista de los manifestantes y de establecer relaciones causales entre los actos vandálicos de las calles y la política de los respectivos Gobiernos para enfrentarlos.  O sea, se ha producido una inversión causa efecto, que presenta a las autoridades como responsable de los disturbios, al mismo tiempo que se muestra como víctimas a los violentos, porque esta es la forma en que se consiguen las simpatías de los espectadores en el exterior, se encubre la ideología de los manifestantes y su extracción social para lograr mayor rechazo a las acciones con que estas tratan de contenerse.


   Está muy claro que el fascismo nunca ha sido enemigo del capitalismo, solo que ahora sirve como ideología a intereses globales, no tiene una esencia nacionalista.  Al respecto, lal politóloga Ángeles Díez ha dicho: “Esta doctrina ha dejado de ser una ideología sin más para ser una opción de poder necesaria a la continuidad del capitalismo.  Parece como si desde las instancias de gran poder mundial se contemplara esta opción ideológica como la mejor para acabar con la democracia en aquellos países en los que sus poblaciones hayan elegido inadecuadamente”.




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(*) Orlando Ruiz Ruiz
periodista y escritor, es jefe de la Sección Internacional del periódico portavoz de los sindicatos cubanos "Trabajadores" y también colaborador de Canarias Semanal.org

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