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Por Orlando Ruiz Ruiz (*) - Canarias-semanal.org
Lunes, 24 de marzo de 2014
La nueva estrategia injerencista del imperialismo estadounidense

Guerra no convencional: El peligroso silencio de los cañones

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Ahora de lo que se trata, según la Circular de Entrenamiento 18-01 sobre la guerra no Convencional, emitida por las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos en el año 2010, es de aprovechar las posibles vulnerabilidades del Gobierno a derrocar, distanciarlo de la población; desplazar a la porción de la ciudadanía que actúa de manera neutral hacia posiciones en su contra; explotar estos elementos a través de la subversión, y cuando esta no conduzca a los resultados estratégicos deseados, recurrir al conflicto armado a través del fomento de la insurgencia, que actúe de manera irregular y conduzca a la inestabilidad incontrolable e impida gobernar.

[Img #26332]   El próximo 5 de abril se celebrarán en Afganistán las elecciones presidenciales.  Innumerables expectativas se tejen en torno a este país ubicado en el extremo occidental de Asia, que vive hoy una de las crisis humanitarias más graves de su historia, y que tiene como origen principal la prolongada guerra desatada hace más de una década por Estados Unidos y sus aliados, como “respuesta” inmediata a los atentados del 11 de septiembre del 2001.


   El gobierno de George W. Bush decidió la invasión a Afganistán, a partir del supuesto que culpaba al régimen Talibán de dar cobijo a la red terrorista Al-Qaeda, acusada por Washington del derribo de las Torres Gemelas.


   Este suceso, que pasará a la historia con la impronta de ser la primera guerra del siglo XXI, suscita diversos análisis.  Los más acertados nos permiten apreciar que, frente a un ataque no convencional (las acciones contra el Word Trade Center), el Gobierno de George W. Bush reacciona arremetiendo contra un Estado que le es adverso con los poderosos recursos bélicos de la guerra convencional.  Pero, estudios más profundos de los hechos y opiniones de prestigiosos investigadores que han seguido el devenir de los conflictos bélicos, nos permiten distinguir que “el ataque reviste ciertas características que, analizadas en su conjunto, nos dan la pauta sobre algunas tendencias de evolución de la guerra en el nuevo siglo”.


   Algunos entendidos explican cómo en este preciso momento, iniciado el lapso 2000-2003, el mando militar estadounidense había adoptado una visión más “moderna”, denominada “poderío superior”, que se basaba más en la explotación conjunta de las capacidades de cada componente de sus Fuerzas Armadas (FF.AA.) que en la cantidad de fuerzas y medios involucrados.  Su sustento radicaba en la superioridad en materia de información y maniobra, en las ventajas tecnológicas y en la calidad del entrenamiento de sus soldados.  Estas concepciones se pusieron a prueba durante las invasiones contra Afganistán e Iraq.


   Sin embargo, durante la etapa de “pacificación”, EE.UU. quedó empantanado en sangrientos conflictos irregulares, que pusieron de manifiesto las vulnerabilidades de sus FF.AA. para la guerra irregular, que entre sus acápites incluye la guerra no convencional Guerra no Convencional (GNC).  Se imponía pues ante el alto mando estadounidense recapitular sobre este proceder y ponerlo en práctica ante adversarios en nada subestimables.


   “En dicho escenario se conjugan elementos tradicionales con nuevas aplicaciones frente a situaciones inéditas.  Puede decirse que el conflicto armado en Afganistán es un estilo de bisagra temporal en la forma de llevar adelante una guerra”, según lo define la coordinadora del Programa Defensa y Seguridad del Centro Argentino de Estudios Internacionales,Gisela Armerding.


   Por otra parte, a pesar de que las fórmulas no convencionales de enfrentar al adversario comienzan a hacerse presentes en la segunda etapa del conflicto afgano, no puede decirse que sea esta una novedad en el accionar bélico estadounidense.  Ciertamente hay una vuelta atrás que retoma procederes bélicos empleados antes por sus FF.AA.


  Estudios sobre la evolución de las guerras permiten asegurar también que el empleo de la Guerra no Convencional data realmente de la antigüedad.  Como concepto, ha formado parte del cuerpo doctrinal de las FF.AA. norteamericanas desde la II Guerra Mundial, pero es a partir de la década de los 50 del siglo pasado que se conoce con la denominación actual.


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   Durante el período de la Guerra Fría, el mando militar de EE.UU. desarrolló campañas de GNC para tratar de lograr sus objetivos sin arriesgarse a una contienda generalizada con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).Tras el fiasco en Vietnam, y para enfrentar el auge de los movimientos de liberación nacional en diferentes partes del mundo desarrolló la doctrina de los “conflictos de baja intensidad”, referente doctrinal cercano a la GNC. Tal proceder fue puesto en práctica mediante el apoyo a los mujaidines afganos, a la “contra” nicaragüense, y la Unita angolana, por citar solo algunos ejemplos.


   En el presente, las contiendas duras, a base de plomo y metralla al estilo tradicional de la potencia imperialista pierden preponderancia poco a poco frente a las nuevas doctrinas de la guerra en las que predominan métodos y reglas no convencionales.


  La esencia consiste en que actualmente, y en el futuro previsible, los EE.UU. no están en condiciones de actuar de otro modo, principalmente por factores tales como el estado de la economía, los efectos de los conflictos en que se han visto envueltos, tanto en lo político, moral y psicológico, como en los aspectos técnico- militares.


   Ahora de lo que se trata, según la Circular de Entrenamiento 18-01 sobre la guerra no Convencional, emitida por las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos en el año 2010, es de aprovechar las posibles vulnerabilidades del Gobierno a derrocar, distanciarlo de la población; desplazar a la porción de la ciudadanía que actúa de manera neutral hacia posiciones en su contra; explotar estos elementos a través de la subversión, y cuando esta no conduzca a los resultados estratégicos deseados, recurrir al conflicto armado a través del fomento de la insurgencia, que actúe de manera irregular y conduzca a la inestabilidad incontrolable e impida gobernar.


   En tal sentido deben jugar un papel protagónico, según el propio documento, los medios de comunicación masiva y las modernas tecnologías de la informática y las comunicaciones, en función de las acciones subversivas.


   Los ejemplos más ilustrativos de este nuevo enfoque están presentes en el conflicto ucraniano y la ofensiva contrarrevolucionaria que pretende detener el avance de la Revolución.



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(*) Orlando Ruiz Ruiz periodista y escritor, es jefe de la Sección Internacional del periódico portavoz de los sindicatos cubanos "Trabajadores" y también colaborador de Canarias Semanal.org

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