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Viernes, 13 de diciembre de 2013

Johannesburg y los posibles laberintos

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    Aún tengo la casi absoluta certeza, que el saludo mutuo que tuvo lugar en Johannesburg, entre el Presidente Obama y Raúl Castro, simbolizaron la entrega mutua de un ramo de olivo.

 

[Img #23904]    Sin embargo, no obvié mencionar que Obama es “parte del entramado del Estado más complejo y compartimentado del mundo”. Esto por supuesto, en muchas ocasiones se convierte en una pared de contención para el Ejecutivo.

 

     El “Libro de los Secreto” que el Presidente saliente entrega al entrante, colocándolo en el buró de la Oficina Oval a la hora de su partida y que sólo el nuevo Presidente podrá leer, contiene aspectos que jefes y analistas de la CIA y otras agencias, aseguran que nunca llega a conocimiento del público. Hay detalles tan diversos, escritos por diferentes agencias, que nadie en particular sabe su contenido, ni siquiera vagamente. Pero en cambio, si saben con certeza, que habla de cosas por hacer y de aquellas que están prohibidas, de organizaciones clandestinas para enfrentar contingencias y estrategias de política exterior a largo y mediano plazo. Pero además todos coinciden que hay asuntos que ni siquiera los Presidentes llegan a saber e incluso preguntas cuyas respuestas nunca llegan a su mesa. O sea, estamos ante una maquinaria de Estado y gobierno, que supone la posibilidad de que el Presidente tome las decisiones, pero por otro lado contiene una organización de Poder, cuyo objetivo es garantizar la existencia del gobierno, aun desapareciendo la Casa Blanca, el Pentágono y el Congreso en unos minutos. Esto significa que obligatoriamente hay trabajos paralelos a los del Ejecutivo que también pueden ser divergentes en algunas instancias.

 

    A ese conjunto pertenece el aparato militar diseminado bajo tierra en varias decenas de estados, pero también grupos no conocidos que son periódicamente instruidos, al margen del Ejecutivo y tampoco necesariamente en coordinación con los mandos militares, diseñados para enfrentar determinados eventos.

 

   Por consiguiente, el significado real que dicho apretón tiene para una gran cantidad de articulistas, analistas y observadores, no conlleva a que la política que se deriva del ramo de olivo, pueda necesariamente materializarse en lo concerniente a la parte estadounidense. Cualquier mínima contradicción con alguna de esas subestructuras múltiples, cuyos objetivos no son del todo conocidos, evitaría o retardaría una decisión política positiva.

 

    La existencia de estos mecanismos no son productos de ciencia ficción o de leyendas figuradas. Conocemos de su existencia por extensos trabajos oficiales, escritos y documentales, donde se exponen los organigramas generales que las rigen. Su existencia no es un secreto aunque sus funciones diarias, las líneas de mando y sus integrantes sí lo son.

 

    Como se trata de procedimientos que sólo suponen emplearse ante crisis apocalípticas, no se habla tanto de ellos, pero sin dudas que su existencia también debe correlacionarse en especial, con aspectos muy variados de la política exterior. Sobre todo por la vinculación que ésta tiene con el desempeño de prácticas imperiales y los asuntos de Seguridad Nacional.

 

   Por consiguiente, el apretón de manos tampoco es para lanzar fuegos artificiales.

 

   A la presencia de estos organismos de alerta, organizados con todas las características de gobierno, dentro de los cuales existen tres escalas, independientes de las establecidas en las líneas de sucesión mencionadas en la Constitución, debemos agregar la parte visible de la política nacional que lidia con la sucia lucha por la alternancia de Poder, a través de la manipulación del voto.

 

   Ya el Senador John McCain equiparó el saludo con un tipo de traición. Dijo que “ha sido como saludar a Hitler”.

 

   A esto se añade un desliz cometido por el Presidente Obama, quien apareció en varios periódicos fotografiándose él mismo con su teléfono, en un instante que sonreía, junto con otros dignatarios sentados a su lado, en uno de los momentos solemnes del sepelio.

 

   Recordemos además que la Ley Helms Burton es un pequeño monstruo legislativo que posiblemente contenga más codificaciones que ninguna otra Ley aprobada por el Congreso de la nación y que si la aprobación del presupuesto de la Nación puede ser puesta en peligro con simples maniobras oratorias, cuestiones de esta índole capaces de circunvalar aspectos de la Ley, pueden ser incluso borradas de la agenda.

 

   O sea, la germinación feliz del ramo de olivo está sujeta a las oscuridades del mando que, sin conocimiento del público, pudieran considerarla asunto de Seguridad de Estado, como obviamente lo es para Cuba. Excepto que en el caso de Estados Unidos esa consideración tendría trascendencias de otra naturaleza porque proviene de esferas poco transparentes en comparación con el tratamiento que seguramente tiene para el Estado cubano.

 

   Si Mandela hizo posible ese encuentro, en su afán de limar asperezas y facilitar la existencia de un mundo de Paz, sería bueno también que convenza a una serie de descabellados lunáticos que tienen mano segura en algunos de los fuertes hilos del Poder de este gigantesco y poderoso Estado.

 

   Los siguientes días serán muy decisivos para saber si el asunto se hincha o si continúa el curso natural al cual todos aspiramos y hasta qué extremo ese gesto de Obama en Johannesburg pudiera derivar en un laberinto de intrigas y zancadillas en el ejercicio de su poder.

 

   Así lo veo y así lo digo.

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