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Lunes, 25 de noviembre de 2013

Ganará la CIA o la Casa Blanca

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 Aunque no soy proclive a la narración de hechos, especialmente en estos tiempos donde el internet actúa como memoria portátil, voy a referirme brevemente al asesinato de Kennedy.


   En estos días se conmemoró un año más de su muerte a manos de una o varias personas o como resultado de oscuras y traicioneras conspiraciones.  Todo eso permanece en la penumbra, pero como el hecho involucró a Cuba, me parece de sano juicio, mencionar ciertos informes concretos que relacionan al difunto Presidente y al líder de la Revolución Cubana.


   Hemos estado hablando en estos días de las perspectivas respecto a mejores relaciones de Estados Unidos con la Isla y dentro de dicha temática John F. Kennedy tiene una importancia sólo comparable quizás con la Presidencia de Jimmy Carter y la de Barack Obama.


   Un artículo del señor Peter Kornblush, quien dirige el Proyecto de Documentación sobre Cuba en el Archivo de Seguridad Nacional en Washington, termina diciendo "entre las controversias que continúan en torno a posibles teorías conspirativas, lo que se pierde en la discusión histórica del asesinato es que el último acto de Kennedy como Presidente fue acercarse a Castro y ofrecer la posibilidad de una relación bilateral diferente entre La Habana y Washington".


   El artículo refiere la visita de Lee Harvey Oswald (el supuesto asesino) a la Embajada de Cuba en México.  Señala el señor Kornblush que "seis días después del asesinato, el director de la CIA, John MacCone, informó al nuevo Presidente Lyndon Johnson, que un agente de inteligencia (de origen) nicaragüense en México, Gilberto Alvarado, había advertido a nuestra estación (en México) con gran detalle, sobre el supuesto hecho de que el 18 de septiembre vio a Oswald recibir 6,500 dólares en la embajada cubana en la ciudad de México.  Alvarado aseguraba que el dinero era el pago para matar al presidente".


   Pero resultó que la CIA sabía que Oswald estaba en New Orleans en esa fecha.  Interrogado en México ante autoridades mexicanas "Alvarado admitió que su relato era una fabricación diseñada para provocar que Estados Unidos sacara a Castro de Cuba a patadas".  ¿Quién estaba interesado en provocar, Alvarado?


    Kornblush menciona también las gestiones del abogado James Donovan, enviado del gobierno estadounidense, para negociar la liberación de los más de mil hombres que desembarcaron en Playa Girón en Cuba, en el año 1961, como resultado de un plan de la CIA para derrotar el gobierno revolucionario provisional.


   Nos dice que Donovan regresó a La Habana en "la primavera de 1963", para negociar la liberación de "dos docenas de estadounidenses - tres de ellos agentes de la CIA - encarcelados en prisiones cubana bajo los cargos de espionaje y sabotaje".  En el transcurso de esas reuniones "Castro planteó el punto de la restauración de relaciones".


   Continúa diciendo Kornblush "la Casa Blanca comenzó a considerar la posibilidad de un enfoque dulce hacia Castro.  Los ayudantes de mayor rango argumentaron que Estados Unidos debía exigir a Castro que dejara atrás sus relaciones con los soviéticos como precondición de cualquier plática.  Pero el presidente se impuso; ordenó a sus asistentes más cercanos que comenzaran a pensar en términos más flexibles al negociar con Castro y dejó claro, según algunos documentos desclasificados de la Casa Blanca, que se mostró muy interesado en proseguir en esta opción".


   Estas conversaciones continuaron luego a través de la periodista Lisa Howard, a quien Donovan recomendó.  Pero cuando la periodista regresó de La Habana con proposiciones del gobierno cubano para iniciar un diálogo, la "CIA (nos dice Kornblush) se opuso tajantemente a cualquier diálogo con Cuba".


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   En este punto recordemos que por aquellos años, los grupos realmente contrarrevolucionarios de origen cubano, integraban parte del ejército clandestino de la Agencia, nombre coloquial usado por los agentes para referirse a la CIA.


   Había una mutua influencia y una obvia retroalimentación entre la contrarrevolución y los servicios de inteligencia estadounidense respecto a Cuba.  Para estos últimos, la "guerra contra Castro" en muchas instancias era el bocadillo para controlar a estos grupos y así contar con ellos en las barbaridades que hicieron por Suramérica con el propósito de contener "el comunismo".


   Era la Guerra Fría, proceso en el que se vieron afectados los seguidores de Moscú, pero también el resto de los luchadores sociales, quienes se convirtieron en víctimas de los temores imperiales ante las consecuencias que podían acarrearles las injusticias del sistema que defiende.


   A pesar de esta oposición de la CIA, se llevaron a cabo encuentros secretos entre funcionarios cubanos y estadounidenses.  En el otoños de 1963, nos dice Kornblush la periodista Howard "utilizó una fiesta en su casa de Maniatan, en la calle 74 Este, como cobertura para una reunión entre el embajador cubano ante Naciones Unidas, Carlos Lechuga y el embajador adjunto ante la ONU William Attwood".


   El empeño de ambas partes ha quedado registrado en los archivos secreto desclasificados de aquellos tiempos.  Inclusive, el día del asesinato, Kennedy había enviado un "mensaje de potencial reconciliación" a Fidel Castro, a través del periodista francés Jean Daniel, con quien el Presidente se había reunido en Washington donde le dio el siguiente mensaje para el líder cubano: "son posibles mejores relaciones y ambos países deben trabajar para poner fin a las hostilidades".


   Datos de otras informaciones desclasificadas cuentan que Oswald trabajaba para la CIA y como parte de sus tareas se le encomendó que asesinara a Fidel Castro.  Le sugirieron entonces que fuese a la Embajada de Cuba en México, pero el gobierno cubano le negó el visado.  Años más tarde Fidel Castro narra que la negativa fue dada porque había informes de que pudiera ser un provocador.


   El próximo escenario donde se crearon algunas condiciones para establecer relaciones normales fue durante el gobierno de Jimmy Carter.


   En estos momentos ciertos indicios señalan nuevamente esa probabilidad.  Sin embargo, existe una contradicción que está dada por el trabajo que realiza el Departamento de Estados a través de USAID, enviando dineros y recursos a personas en Cuba, con el propósito de desestabilizar las instituciones del Estado.


   En lugar de encomiar las discusiones y el debate que poco a poco se ha ido extendiendo por todo el país, respecto a la búsqueda de nuevas formas que estén en sintonía con el carácter primariamente social del proyecto político cubano, la actuación del Departamento de Estado recuerda las políticas agresivas que Washington ha aplicado hasta los días de hoy.


   Palabras recientes del Secretario de Estado y las del Presidente Obama, desde escenarios distintos dimensionan esta contradicción.


   Hablando en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, Kerry dijo: "a lo que aspiramos es a que todos los países nos veamos como iguales, compartamos las mismas responsabilidades y colaboremos en los asuntos de seguridad, no como parte de la adhesión a una doctrina, sino en virtud de decisiones que adoptamos como socios para avanzar en los valores e intereses que compartimos".


  Ambos, el Presidente y Kerry han dicho además que la política hacia Cuba debe ser "creativa".


   No sabemos aún por donde se irá la bola de este interminable juego, pero considerando que la emigración actual de origen cubano, se inclina por su país en iguales términos que el resto de los emigrados latinoamericanos, es de pensar que las cosas van a cambiar.


   Pero ante esta conclusión especulativa hay preguntas aún sin respuesta: ¿ganará la CIA, los órganos secretos que son dueños de un sector grande de los Estados y por ende capaces de secuestrar políticas de gobierno, o ganará la racionalidad del Ejecutivo?  ¿Tiene aún la CIA intereses tan fuertes dentro de algunos grupos de cubanos, hasta el punto de tener que acceder a razones puramente revanchistas, alejadas de toda racionalidad en sus informes al Presidente?  Esperemos para ver, pero todo indica que el tiempo inclina cada vez más a favor de la razón.


  Así lo veo y así lo digo.

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