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Jueves, 5 de enero de 2012
La Isla bloqueada económicamente durante más de medio siglo supera a EE.UU. en todos los indicadores que reflejan condiciones concretas para el bienestar de una sociedad

Cuba: el nombre propio de una obra humana

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A pesar de la mezquindad injerencista y la política de descrédito promovida por Estados Unidos y sus acólitos contra la nación más independiente del planeta, al concluir el 2011 existía un centenar de Comités de Solidaridad con Cuba en igual número de parlamentos de todo el mundo, mientras de todas las latitudes llega a La Habana el eco de la amistad y la admiración por la obra construida en medio del cerco económico y las adversidades que lleva consigo ser un país verdaderamente soberano.

[Img #3713]    Como cada enero, el alborear del 2012 fue recibido con júbilo y armonía en Cuba. Desde hace 53 años la fecha se celebra con grandes fiestas en este país de  heterogéneo sello étnico, rica cultura y credos y fisonomías diversas, no solo porque marca el advenimiento de una nueva etapa cronológica en el calendario de la contemporaneidad; sino también, y muy especialmente, porque significa el arribo a un aniversario más de la Revolución que barrió para siempre la injusticia; redimió el derecho del hombre en su sentido más amplio; hizo crecer como nunca antes la solidaridad, el amor y el patriotismo y transformó el sentimiento de independencia nacional en una bandera que ninguna fuerza podrá  arriar jamás.

 

    Estas razones, frutos de la forja durante más de 10 lustros de un pensamiento dignificador, han convertido a la “Isla de la libertad y la resistencia” en eje en torno al cual giran no pocas miradas en todo el mundo. Unos; los pretendidos “jueces” de siempre, se atribuyen facultades para opinar sobre cada nueva medida económica o decisión política adoptada por el Gobierno cubano en consulta con su pueblo; otros, los autotitulados cubanólogos, se entrometen con su supuesta sapiencia y hacen pronósticos sobre el futuro que habrá de tocarnos si seguimos ateniéndonos a las “viejas reglas” del proceso revolucionario que nos dio la libertad.

 

    En este juego sucio de orbitar en torno a Cuba no faltan tampoco quienes desde su bancada en determinadas diputaciones o incluso en las sillas presidenciales de una que otra nación de Occidente, tratan de dar lecciones al pueblo cubano erigiéndose sin ningún escrúpulo en voceros de los mezquinos cacareos de quienes convertidos en apóstatas han vendido su alma al amo del Norte y no reparan en mentir o tergiversar desembozadamente la realidad social del país en que nacieron. Tal es el caso de Teófilo de Luis, un “honorable” parlamentario del Partido Popular (PP) español, quien acaba de manifestar en alusión al reciente indulto de más de 2 mil 900 presos decretado por la administración de Raúl Castro, y otras medidas de beneficio popular, que “ningún gesto” apartará a su partido de la meta de que haya democracia en el país caribeño.

 

    “El PP solo se relajará el día en que en Cuba se restituyan las libertades, se respeten los derechos humanos y se alcance la plena democracia a través de una transición pacífica”, dijo de Luis, quien añadió que su partido buscará “involucrar a Europa y sus instituciones” para ayudar a este proceso en la Isla.

 

    Acá, al borde del espumoso Océano Atlántico, otros ojos miran con ira hacia La Habana. Son los de los políticos agrupados en el lucrativo negocio que maneja la mafia cubano americana de Miami y que ahora están tratando de averiguar infructuosamente cuántas personas “reciben” del otro lado del Estrecho de la Florida las ilegales, inaudibles e invisibles ondas de Radio y TV Martí. El tener audiencia entre el pueblo cubano es su larga y frustrada aspiración.

 

    Influyentes legisladores de la ultraderecha estadounidense viven también obsesionados tratando de boicotear cada intento de aquellos que en la sociedad norteamericana están interesados en mejores vínculos con Cuba. Sabotean proyectos de leyes, presionan a políticos honestos que se han acercado al diálogo con la Isla y hasta inventan un supuesto “accionar terrorista” venido desde el Malecón habanero que pone en peligro la “seguridad nacional” de la Unión Norteamericana.

 

    Pero a pesar de tanta mezquindad injerencista y política de descrédito contra la nación más independiente del planeta, al concluir el 2011 existía un centenar de Comités de Solidaridad con Cuba en igual número de parlamentos de todo el  mundo; se anunciaba la próxima llegada a La Habana de un nuevo y fortalecido contingente de la brigada Venceremos, de Estados Unidos, que será sucedida por los integrantes de la agrupación Ernesto Che Guevara, de Canadá, y la brigada Suramericana en su edición número 19, mientras de todas las latitudes llega el eco de la amistad y la admiración por la obra construida en medio del cerco económico y las adversidades que lleva consigo existir con independencia.

 

    También en el año que recién comienza, tal como ocurrió en el precedente, quedará evidenciada la defensa de la justa causa del pueblo cubano por parte de las personas de bien de todo el orbe que asistirán espontáneamente al VIII Coloquio Internacional por la liberación de los Cinco antiterroristas cubanos, enjuiciados en un proceso objeto de manipulación política y encarcelados injustamente en prisiones norteamericanas.


    El respaldo y la admiración mayoritarios por Cuba tienen un sólido fundamento. Resulta ilustrativo apreciar, por ejemplo, cómo cifras resultantes de los niveles de bienestar material, salud, educación, seguridad ciudadana, respeto a los derechos humanos fundamentales, entre otros indicadores registrados en el índice Global de Paz, elaborado por el Instituto de Economía y Paz de Londres con datos de los últimos cinco años, sitúan a este pequeño país en el lugar 67, mientras que Estados Unidos se ubica en el puesto 82.

 

    Llama también la atención el que la Isla, bloqueada económicamente durante más de 50 años, supere a la principal potencia mundial en todos aquellos indicadores que reflejan condiciones concretas para el bienestar humano, aunque cede la primacía  en los que implican privilegios o ventajas para el capital. Ya no es una novedad para los cubanos una cifra como la que nuestra prensa acaba de publicar: la mortalidad infantil en el 2011 no sobrepasó 4,9 por cada mil nacidos vivos, la más baja en América a la par de Canadá.

 

    Cuba no es ni mucho menos el país perfecto; como toda construcción humana la obra de la Revolución está marcada también por errores e imperfecciones; pero su pueblo, bajo la guía de Fidel primero, y ahora de Raúl, ha tenido siempre la capacidad de mirarse por dentro para rectificar el rumbo y seguir adelante. Pueden seguir orbitando en torno a esta Isla el bien y el mal; su ejercicio bienhechor jamás se detendrá.

 

(*) Orlando Ruiz Ruiz periodista y escritor, es jefe de la Sección Internacional del periódico Trabajadores y colaborador de Canarias Semanal.com.

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