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Yemen expulsa al dictador

          Yemen expulsa al dictador

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          Yemen (Al-Yaman) es uno de los países más pobres del mundo. Depende económicamente del exterior, vive inmerso en una pobreza y corrupción endémicas, carece de servicios básicos e infraestructuras imprescindibles, y pasa por una grave carestía alimentaria consecuencia de la actual crisis financiera internacional. Además, los problemas ambientales amenazan con convertirlo en el primer país de la tierra que se quede sin agua alguna.

           La Comunidad Internacional han permitido que, durante 33 años, este país fuese dirigido por un dictador. Los importantes intereses geo-estratégicos de EEUU y la OTAN y el temor constante de Arabia Saudita, la gran potencia y dictadura de la zona, a la inestabilidad en la región, han llevado a que estas potencias militares mantengan al régimen tirano. Con la excusa de la destrucción de bases de Al Qaida, y de la lucha contra las tribus secesionistas -socialistas- en el Sur y las milicias chiíes en el Norte, las potencias occidentales extienden los bombardeos y combates -a menudo secretos-, por todo el territorio. Producen un largo reguero de destrucción, muerte y desplazamientos de la población civil, y están convirtiendo esta región en un auténtico avispero de luchas armadas.

           Pero a pesar de la durísima represión, y del silencio de los grandes medios de comunicación occidentales, también en Yemen, como en otros países árabes, se iniciaron manifestaciones retando al régimen de Saleh. Muchos opositores permanecen acampados desde febrero en la “Plaza del Cambio”, junto a la Universidad, y desde hace ya diez meses, continuamente organizan manifestaciones multitudinarias en las que reivindican libertad y dignidad.

           El dictador Saleh aceptó en varias ocasiones un acuerdo para el traspaso del poder. Sin embargo, y siempre a última hora, se negaba a firmarlo, a pesar incluso de haber sido gravemente herido en un ataque a su palacio presidencial. Finalmente, el dictador ha aceptado traspasar el poder, pero a cambio de asegurarse inmunidad jurídica y de mantenerse como presidente honorario hasta la celebración de las próximas elecciones. Es el primer gran triunfo de la revolución, aunque para muchos analistas es seguro que regresará de nuevo al país, ya que tanto el ejército y los grupos de presión cercanos al régimen, como familiares directos del presidente, siguen manteniendo el poder. Ahora se acusa a Saleh de haber distribuido armas a algunos grupos escindidos de las Fuerzas de Seguridad para atemorizar a Occidente, en un intento por hacer creer que su presencia sigue siendo necesaria. Y en los últimos días ha ordenado a sus partidarios que, desde los tejados o mezclándose entre la población civil, dispare contra los manifestantes, aumentando así la inestabilidad en el país.

            El acuerdo de salida, auspiciado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y suscrito en Riad, la capital de Arabia Saudita, establece que hoy, sábado 10 de diciembre, el hasta ahora vice-presidente de Saleh forme un nuevo gobierno. Un gobierno de “unidad nacional”, pero con el que, como aseguran los manifestantes, no se va a efectuar un verdadero traspaso del poder. Incluso hablan ya del comienzo de una guerra civil entre el régimen y los desertores. Y aunque éstos declaran estar en favor de los manifestantes, los jóvenes opositores al régimen desconfían profundamente de estas adhesiones. Muy al contrario, apuestan decididamente por una revolución absolutamente pacífica, y esperan que poco a poco se vayan uniendo grandes sectores de la sociedad civil yemení, harta de tanta violencia.

          Mientras tanto, no cesa la amenaza de una invasión de EEUU y la OTAN, con el apoyo de Arabia Saudita. En su estrategia armada de confrontación contra Irán, y en su intento por controlar militar y comercialmente la región -en especial el tráfico marítimo por el Mar Rojo-, las potencias occidentales convertirán a Yemen en un nuevo y más sangriento campo internacional de batalla.

           Yemen, camino de convertirse en un Estado fallido, no dejará de ser, para la prensa occidental, sino un conflicto olvidado. Y las masacres y violaciones de los Derechos Humanos contra la población civil que producirán sus intervenciones militares, daños colaterales.


           Texto: Pedro Larré

           Fotografías: Internet

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